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sábado, 10 de diciembre de 2016

Sin titulo

Hace mucho que no escribo. No encuentro la razón, quizá no haya una. Lo curioso es que el paréntesis comenzó en el momento exacto en que hice un curso de escritura. Ahí deje de escribir. No es que no tuviese ideas o cosas en la cabeza que me motivaran a hacerlo, si las había, y las hay, tal vez en exceso. Pero ninguna de ellas fue plasmada.

Y ese paréntesis es cerrado sin una idea concreta. No es que estoy sentado frente a la hoja en blanco con una idea. No no, todo lo contrario, ningún tema del cual hablar, ninguna historia, ningún cuento. Nada. ¿O tal vez si? Reflexionando al respecto quizá el motivo por el cual estoy escribiendo sin motivo sea justamente la necesidad de cerrar ese paréntesis sea del modo que sea.

Les podría hablar del penetrante olor del perfume que tenía puesto la señora que se sentó delante mío en el 365 a las doce de la noche volviendo del teatro a mi casa. De cómo ese olor y no las conversaciones cercanas me distrajo de mi lectura. Olor que aun siento sentado frente a mi notebook mientras escribo, prendido como garrapata a mis fosas nasales. Porque escribo esto después de haber ido al teatro y regresado a mi casa en el 365 sentado detrás de una señora con un perfume penetrante. Pero no, no voy a hablar ni de ella ni de su perfume. Tampoco de la obra de teatro.

Finalizada la obra (el nombre no viene al caso) hice una pasada por el baño de caballeros (no hay cosa que deteste más que esperar el colectivo con ganas de mear, es insoportable). El mismo no tenía luz por algún desperfecto técnico, ya que todo el resto de las instalaciones estaban perfectamente iluminadas. No quedo otra que mear a oscuras (el celular aun lo tenía apagado, así que no pude utilizar su linterna). En esos trámites andaba cuando otra persona ingresa al baño y se pone a mear al lado mío. Lo particular de la situación obligo a intercambiar una serie de comentarios respecto a esta experiencia de hacer pis a oscuras. Y fue ahí que reconocí la voz. El pibe había actuado el día anterior en otra obra que había ido a ver. A la salida del baño continuamos la charla por un rato, sobre su obra, sobre el teatro, sobre mi obra (la charla del baño quedo en la oscuridad). Pero tampoco voy a hablar de eso, solo lo mencionaba como al paso, uste vio.

Las últimas cuatro películas son orientales. Si, cambio de tema bruscamente, ¿y qué? Tres de Miyazaki, japonés, y una de Ki-Duk, surcoreano creo. Podría buscar la información en este momento pero prefiero quedarme con la incertidumbre y la suposición. Me gustaron mucho, las cuatro, otro modo de narrar, otro modo de presentar los personajes, de filmar, otro modo. Las de Miyazaki mantienen una tónica: el vínculo hombre-naturaleza, también suele aparecer mucho la relación del hombre con la tecnología; sus protagonistas suele ser jóvenes (niños y niñas casi siempre). De Ki-duk vi tan solo dos películas pero creo que suele incursionar bastante por los sentimientos, pasiones y deseos más ocultos en el ser humano. Pienso en la palabra pulsiones mientras escribo esto, aunque no sé muy bien que significa calculo que algo tiene que ver.

Podríamos seguir hablando de las últimas conversaciones que escuche en el tren, una entre dos hombres en la cual uno le aconsejaba al otro como encarar el divorcio con su (ex) mujer, que decir, que ocultar, como moverse y toda esa porquería donde la cuestión de fondo (aunque no tan al fondo) es siempre la guita; otra de un pibe hablando con lo que yo supuse que era su novia aconsejándole de un modo un tanto agresivo como encarar la compra de una obra de arte en un remate próximo (los consejos y toda la escena que pintaba eran bastante turbios por cierto, ah, y si, la cuestión de fondo era nuevamente guita); u aquella otra de una señora puteandose con un ex porque no le pasaba la guita de su hijo (que estaba presente). Escrito esto me doy cuenta que los tres tienen la misma preocupación de fondo: plata. Rige nuestras vidas y todas nuestras relaciones. De nuevo el olor del perfume en el 365, ¿lo sienten? ¿Lo huelen? Ya sé que no va a ser el mismo, pero presten atención que seguro aparece. ¿Y? Pero dije que no voy a hablar del perfume, tampoco de estas conversaciones.

No voy a hablar de nada. De hecho me voy a dormir. Sé que no estoy cumpliendo con nada de lo visto en el curso, pero no me importa, estoy cumpliendo con el objetivo que me puse al comenzar: cerrar el paréntesis, aunque sea de un modo patético desde el punto de vista literario. Lo otro que me parece importante es que después de mucho tiempo vuelvo a respetar lo que en sus inicios fue la esencia del blog: escribir lo que se me venga a la cabeza, sin filtro, sin repaso, sin correcciones. Este es uno de esos casos.

domingo, 14 de febrero de 2016

Recuerdo

 Imágenes que emergen en los momentos menos esperados. ¿Por qué ahora? ¿Dónde habían estado almacenadas? Piedras en el fondo de un lago perdiendo su esencia para salir a flote una tarde de verano. Nuevo latir de corazón sediento. Y volver. Volver a ser lo que son. Piedras. El peso del recuerdo tatuado en una ruta, en una hoja en blanco paciente de años. Como esa piedra. Insisto. ¿Por qué ahora? Y otra piedra que florece concéntrica en el centro, otro instante, otra tarde, echando raíces de vientos.
 Flores, mar y tambores vuelven para sacudir la quietud del perezoso.

martes, 12 de enero de 2016

Frente al rio

  Esos momentos en que uno se recluye frente al rio, en ese horario en que baja la calma al tiempo que suben los peces a saludar la tarde, a refrescarse con un poco de aire. Los colores cambian y se confunden entre cielo, árbol, agua y tierra. Mate y libro en mano, en esos momentos todo se ordena, todo se aclara, todo tiene sentido. Desde el mensaje que llega desde la otra punta del mundo hasta el poema de Almafuerte que al azar te toca, todo está alineando con ese instante, con esa pausa frente al devenir del rió. Te invade una paz de unidad, de sentirte parte del todo, de confianza en el fluir que sabes te lleva a buen puerto. Hay que lograr que esos momentos sean todos los días de tu vida.

Fragmento de “Sin tregua” de Almafuerte
X

Llenate de ambición, ten el empeño;
ten la más loca, la más alta mira;
no temas ser espíritu, ser sueño,
ser ilusión, ser ángel, ser mentira.
La verdad es un molde, es un diseño
que rellena mejor quien más delira...
¿que la ciencia es brutal y que no sueña?
¡eso lo afirma el asno que la enseña!

XI

Naciste en el peldaño de una escala,
no en el seno confuso de una nube;
con el cetro en las manos, o la pala
pero raudo y audaz como un querube;
si no son los peldaños es el ala
que te despierta y que te grita: ¡sube!...
¡sube sin timidez, no te abandones;
si te asusta volar, hay escalones!

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Alturas de Machu Picchu

Del aire al aire. Y sumergido en un ensueño transcurren las últimas estaciones. No sabias qué ocurriría, aunque el nombre lo insinuaba. Escuchar, sentir, ver, oler las alturas de Machu Picchu a medida que la ciudad abre sus fauces y lo devora toda. No aquella ciudad que suena a Urubamba.

Como una abstracción a contrapelo te arrastras, te arrastra. Los dos mil cuatrocientos metros de diferencia no son nada, no existen, Águila Sideral. ¿Ocurre lo mismo con los más de quinientos años? Deambulas por las calles como una escena de Baraka, suerte providencial, sin saber con exactitud si estás aquí o allá. Pero estas. 

miércoles, 17 de junio de 2015

La tabernera del puerto

La tabernera del puerto, rezaba el cartel sobre el ventanal de la puerta de acceso al Teatro Provincial. Yo pasaba por delante nomas, pero el diseño me atrajo: el frente de un bar porteño, la silueta a contraluz de una mujer bebiendo una copa, un bandoneón cruzado en diagonal. La tabernera del puerto. -“Una por favor”-.  60 pesos, la más económica. Fila 15, butaca 4. Atrás al medio, buena ubicación, aunque después me acorde que el sonido siempre es mejor arriba. No importa.

No tenía idea que es lo que iba a ver. Como dije, simplemente me gusto el diseño del afiche y el nombre. Después me enteraría que es una zarzuela, aunque no tengo ni puta idea de qué es lo que define a una zarzuela. Luego de haberla visto tengo mis conjeturas al respecto… una mezcla entre teatro y ópera, con acompañamiento orquestal. El equilibrio entre una cosa y otra me encanto, la opera se me suele hacer medio pesada. En este caso había una dosis justa de cada una. Aunque puede ser que esté hablando boludeces, porque estrictamente hablando tampoco sé que es lo que define a una ópera. En algún momento lo averiguare, podría ser ahora, minimizando esta ventana y abriendo una pestaña nueva de google, pero no me interesa, al menos por ahora.

Tras una caminata de unos 40 minutos, llegue al teatro con La máquina de hacer pájaros sonando en mis oídos. Guarde headphones, campera, busque mi entrada y me dispuse a hacer la fila. Edad promedio a mi alrededor: unos 147 años. Todos viejos y viejas cholulas, aprovechando la fresca para sacar a relucir sus tapados. "Nuestra vida será blanca y buena, nuestra casa será verdadera, nuestra ciudad será hermosa desde hoy”, resuena en mi cabeza.

Una vez dentro, me instalé tranquilamente en mi lugar y procedí a leer el programa para saber de qué venía la cuestión. A mi izquierda, una vieja. A mi derecha, otra vieja. Entre las dos, debían sumar cinco siglos resistiendo. La de mi derecha se había sentado unos segundos antes a mi izquierda, hasta que notó que el resto del grupo con el que venía siguió de largo. Se levantó al grito de –“Hay chicas!! Pensé que ya se había sentado”. –“Hay perdóname querido, permiso”. –“Pase nomas, no hay problema”, le respondo haciéndome una pelotita contra mi asiento y metiendo mi mochila por debajo. –“Hay te perdono porque sos igualito a mi sobrino”, dice la vieja cuando termina de pasar… ¿Te perdono? Me quedo pensando… Nunca le dije perdón, y no tenía motivo para decírselo, de hecho, fue ella la que me pidió perdón mientras pasaba… No te preocupes, pequeños cortocircuitos de la tercera edad.

Fuerte predominio de viejas sobre viejos, se ve que sus papeles duran más en el teatro de la vida, a los viejos el contrato se les vence antes. Muy interesante la perspectiva que daba la pendiente de la platea baja, entre el brillo de la calvicie y el relucir de las canas. Alguna que otra juventud también se asomaba por ahí, para tirar un poquito abajo el promedio general.

No soy crítico de teatro ni cerca, pero debo decir que la obra me encanto, me pareció muy ágil y divertida, con una excelente puesta en escena. No les voy a decir que la vallan a ver porque ya no está, pero se las hubiese recomendado. Ah, como olvidarme, si hay algo que siempre me dio por las pelotas en este tipo de eventos, es el exceso de aplausos. Siempre. Cada aria, cada escena, cada acto, aplausos, aplausos y más aplausos. Y ni hablar al finalizar, unos 10 minutos consecutivos de aplausos. No es que no se lo merezcan, pero que se yo, te termina secando un poco el mate tanto aplauso. Quizá el problema soy yo, que al ser un ignorante de este tipo de rubro y de ambientes, no logro dar con la esencia y el significado trascendental del constante aplauso. Quizá sea la simple inercia de la infinita estupidez humana en su actuar sin pensar en lo que está haciendo. Pero el de al lado aplaudió, los de arriba aplauden, los de más allá aplauden, por ende, aplaudo. Y si no te gustó lo que acabas de oír, cagate, aplaudí igual. -“Pero esto último no me movió un pelo!”, -“No importa, todos aplauden, aplaudí igual!!”.  Y así, los aplausos van dirigidos a los actores, pero también al propio público en una auto alabanza e identificación de pertenencia a un sector privilegiado de la sociedad, que consume “alta cultura” envuelta en tapados y sobretodos, que tiene que cumplir el mandato de aplaudir hasta el hartazgo mas allá de lo que haya visto u oído; que se regocija comentando la versatilidad vocal de la soprano, el bajo intenso del protagonista, y la exquisitez de ese Fa sostenido alcanzado por el tenor en la tercer aria del segundo acto mientras cantaba loas a su amada. En fin, miren donde termino. Si a uno le interesan, aunque sea un poquito, ese tipo de eventos, es inevitable verse rodeado de todo eso. El combo viene completo, con cajita feliz y sorpresa para armar.


PD: hay algo que tengo que reconocer, alguna de las viejas tenía un perfume que era exquisito. Me hacía acordar a algo, en algún momento ya lo sentí, aunque aún no descifre cuando. Los olores tienen su mambo y, en mi caso, son grandes disparadores de memorias. Hace unos días, mientras usaba el Shazam (esa app (epaaaaa, esa sí que no se la esperaban ehhh) que te reconoce canciones) pensaba en cuando inventaran algo similar pero que reconozca olores. Sentís un perfume, una flor, el aparatito lo detecta y te dice qué es. Pero esto se me está yendo al joraca, el olor y el Shazam pertenecen a otra historia.

martes, 26 de mayo de 2015

Ciclos

Fue mucho más que su venta. Fue, sobre todo, cerrar un ciclo. Me acompaño prácticamente en toda mi estadía salteña al día de hoy. La había comprado algo así como un año después de haber llegado. Si me pregunto porque la vendí, no creo encontrar una respuesta certera. Quizá la respuesta sea en plural, muchos y diversos factores me llevaron a tomar la decisión que venía pensando hace ya un buen tiempo, cuando cerraba otro ciclo con nueva mudanza y la vuelta al barrio que me albergo apenas llegado a esta ciudad. En ese proceso de vaciar la mochila le llego su turno.

Es verdad que me significaba una gran comodidad. Pensándolo, quizá sea uno de los motivos que me llevo a ese desprendimiento. A veces hay que escaparle a las comodidades, no aferrarse a ellas. Contrariamente a lo que creía, y a lo que me plantean todos, la vuelta al colectivo no fue para nada pesada ni negativa. Significo la vuelta a todo un ritual que me acompaño durante mucho tiempo. La vuelta a cargar música, dependiendo del momento del día, del clima, estados de ánimo, destinos, etc. La vuelta a las esperas en las paradas, a encontrar asiento, a viajar parado, a ceder asientos, a viajar apretado. También fue la vuelta a largas caminatas, por nuevas calles y trayectos ya conocidos y transitados. Quizá no por mí, por quien soy ahora, sino por quien supe ser en aquel entonces. Pero algo de él permanece en mí, lo siento en cada esquina, en cada árbol, en cada plaza. En el eco de los motores gruñendo en el autódromo, que antes se colaban por otra ventana, a tan solo unas cuadras. En los cantos lúgubres que bajan del cerro, mientras cientos de peregrinos esperan el milagro. En los acordes de Marley sonando en mis oídos por las mañanas mientras bajo por Los Carolinos: “Sun is shining, the weather is sweet…”.

La venta de la moto significo el retorno de esas horas muertas tan gratas y enriquecedoras. Cada caminata, cada espera, cada disco escuchado, era y es tiempo de meditación y contemplación, tiempo que había perdido, que había sido usurpado por la comodidad de la moto; la cual, también debo reconocer, me permitió conocer lugares, trayectos y tiempos antes no experimentados.

Pero como dije, cumplió su ciclo, me dio lo que tenía para darme. El retorno al barrio viene acompañado del retorno a todas esas horas muertas que nos brinda la ciudad y sus distancias, tan gratificantes si uno quiere que así sean. Ese retorno también es en sí mismo un ciclo, que tiene su propia manifestación espacial: Tres Cerritos, Parque Belgrano, Villa Soledad, Tres Cerritos. Y la moto me acompaño en toda esa vuelta.

Pero sobre todo, el retorno al barrio me encuentra mucho más liviano de equipaje, y andar liviano de equipaje, significa mucho más que eso.


Y al momento de estar por postear esto, me doy con que mi ultima entrada de hace casi cuatro meses se titula “Desprenderse”… Ok, como usted diga.

domingo, 12 de mayo de 2013

El brillo

  Hay algo que brilla. Lo veo desde mi ventana con la vista vuelta al norte. Un valle que se pierde entre el flanco de dos cerros. Apenas un hilo de agua se distingue en su centro. Pero allá  lejos, veo algo que brilla. Intento forzar la vista, distinguir algo, por mas mínimo que sea. Pero nada, imposible. La Caldera, calculo para mis adentros. A esa altura debe estar La Caldera. Aunque ese detalle no me ayuda mucho. Siempre miro por mi ventana en la misma dirección y es la primera vez que me doy con este brillo. Desde que me instale en este departamento hace poco mas de un mes, cambio la perspectiva de todo. Y no solo por estar en el 3º piso. Cambio el espacio, cambiaron los caminos, los recorridos, los tiempos, los almacenes, la gente, y tantas otras cosas. Antes mi mirada no se perdía  o al menos no en el horizonte. El cerro 20 de febrero y sus antenas se interponían entre esa linea y mi cuelgue en la nada. Así que el punto en el que me perdía era otro.
  Los horizontes tienen algo atractivo. Y no hablo metafórica ni simbólicamente  Atraen, siempre me atrajeron. Sentarme frente al mar en las vacaciones a mirar durante horas esa linea inexistente que separa un punto inexistente. El horizonte. Irreal copulación de cielo y tierra. Vuelta a los orígenes.
  Pero algo sigue brillando. El libro descansa en mis rodillas, ese punto indescifrable se volvió mucho mas interesante, aunque no se porque. Esa intriga por lo desconocido, por lo lejano. Y la hipnotizante perspectiva  de todo un barrio, valle, cerros y horizonte que tengo desde mi nueva ubicación  Y sobre todo ese horizonte, ese amado horizonte que me robaron los cerros.
  Quizá sea eso. Ese punto insignificante que brilla entre mi existencia y esa linea inexistente son solo el anzuelo que tiende el horizonte para que vuelva hacia él. El brillo me atrae, pero mi mirada se pierde mucho mas allá. 
  Vuelvo al club, vuelvo al río  vuelvo a la pesca, vuelvo a los mates, a las cervezas, a los 13, 14, 15, 16 años... Vuelvo al faro que brilla perdido en medio del río y la noche entre mi existencia y la inexistencia del horizonte. Y el tiempo se dobla, retorna, me visita y se va. Espiral. El espacio se plega y mi horizonte de río es ahora apenas un corte de Valle entre los cerros que se esfuerzan por cerrar el paso a la vista infinita. El faro, un punto indescifrable, incognoscible, inalcanzable que brilla perdido en un mar de rocas al mediodía; la orilla, el dintel de mi ventana. 
  Y así me encuentro en mi mas profundo ser situado en un espacio liminal, visagra de dos realidades ontológicas diferenciadas, dos dimensiones espacio temporales que solo tienen existencia en mi existencia.
  El sol en su camino deja de alimentar el brillo. El amanecer apaga el faro. Me alejo de la ventana y retomo mi lectura. Levanto los envases vacíos y emprendo el regreso a casa.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Aereas

  Venia en LAN para Bs As. A mitad del viaje, pasan las azafatas repartiendo unos papelitos y lapices. Me fijo medio dormido de que se trata mientras suena El artista en vacaciones, de Tomi Lebrero. Empezà a pensar en tus deseos para el 2013. Mas abajo una lista de cosas que a uno le gustaría hacer en el nuevo año que se avecina, para que uno tilde aquello que cree necesario. Luego, un espacio para que uno complete lo que quiera. Lo vi, me reí, tomi seguía cantando, cerré los ojos y volví a mi mundo.
  Una vez que aterrizamos  me di cuenta que en el asiento de mi derecha, vacío, estaba enganchado el mismo papelito pero de un viaje anterior. Lo tome. Se ve que a alguien si le gusto la idea de los deseos, y los dejo plasmados en el folletito de LAN :
 El próximo año quiero... sorprenderme con las pequeñas cosas de la vida - descubrir nuevos lugares - jugar mucho con mis hijos. También deseo un nuevo año en el que... muchas cosas cambien y se me aclaren las ideas

  Yo opte por guardarme el lápiz. Me venia muy bien.

  Esperando recoger mi bolso en esas maravillosas cintas que dan vueltas de las cuales aparecen todo tipo de elementos de viajantes desde atrás de las cortinitas plásticas esas cual mundo de fantasía  vi al doble exacto de Emmett Brown, sisi, el Doc de Volver al Futuro. Ah, mientras tanto, una chica había sacado su guitarra y con una hermosa voz cantaba sentada en el borde de la cinta contigua.

  Los no-lugares tienen un encanto muy particular que no paran de atraerme... imposible pasar por uno de ellos sin rescatar alguna historia, o no-historia.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Encuentro con Jung

  Los libros de Jung llegan a mi vida en momento sumamente particulares y precisos. En el verano, de viaje por Perú  había empezado a leer El hombre y sus símbolos  Lo tenia en lista de espera hace mucho, pero viajando con mi mochila encontró su momento. Si, el libro encontró su momento de llegar a mi, no yo de llegar al libro. Mas de la mitad de este lo leí arriba de un ferry en viaje a Iquitos. Cuatro días  durmiendo en hamacas y toda una aventura que ya conté en otra entrada. La cuestión es que ese libro llego a mi en medio de un viaje que considero iniciático para mi vida. Viaje en el cual tuve toda una serie de sueños sumamente significativos que acabaron manifestándose / concretándose / realizándose hacia el final de mi viaje. Sueños proféticos, podría llegar a decirse, aunque suene demasiado grande. Quizá sea mejor llamarlos reveladores.
  Ese libro me cambio y me abrió la cabeza con muchas cosas. Y estuvo siempre presente a lo largo del mes y medio que estuve viajando por Bolivia, Chile y Perú  Durante este 2012 también lo tuve muy presente en diversos momentos, volviendo a la memoria algún arquetipo, algún símbolo o alguna explicación. Volviendo a la memoria en alguna clase de Filosofía de la Historia o después de algún sueño extraño.
  
  Pero como cada año que se retoma la facultad, la lectura elegida por uno mismo, mengua. Y así  comienzan a apilarse fotocopias y fotocopias de textos que me piden para las diversas materias de la facu. Muchos libros quedaron archivados, como en su momento le había pasado a El Hombre y sus Símbolos.
  Acercándose el fin de año, ya sin tener que cursar, lo que significa, principalmente, no mas copias obligadas para leer para ninguna materia, retome / comencé lecturas de mi propia elección.
  En una caminata por el centro de Salta, acabe, como tantas otras veces, dentro de la libreria Rayuela. Aproveche la oportunidad para preguntar por un libro de Freud que se había comentado mucho en Filosofía de la Historia y que había surgido nuevamente en un seminario que había cursado la semana anterior sobre religión  La obra es Tótem y Tabú, un clásico. 
  Después de realizar la consulta y de revisar por varios lados, apareció dentro de un tomo de las obras completas de Freud. La obra suelta no la tenían  por lo que su precio se iba a las nubes. Mientras meditaba que hacer, sin que yo diga nada, el librero me alcanza El Hombre y sus Símbolos junto a Arquetipos y el inconsciente colectivo... Había entrado buscando Tótem y Tabú, me fui con Arquetipos... bajo el brazo y feliz. Nuevamente, Jung llegaba a mi, sin que yo lo busque.
  Hoy comencé su lectura, y me paso lo mismo que con su primer libro. Hace unas semanas, frente a mi pc, decidí escribir una serie de 4 o 5 sueños que había tenido y que se me habían grabado. No suelo recordar muchos sueños. Pero estos los tenia muy presente. Antes de olvidármelos, tome la sabia decisión de escribirlos, con la idea de, en algún momento, tratar de desentrañar su significado. Mucha agua, lagos / lagunas, yo caminando en la orilla, era elementos que se repetian en tres de ellos.
  Por otro lado, otro personaje que estuvo muy presente este año fue Nietzsche, también bajo influencia de Filosofía de la Historia. Paradójicamente, casi no leí nada del filosofo alemán  todo por terceros. Cuenta pendiente para este verano. Ayer a la noche me la pase escribiendo una monografía final para un seminario, donde nombraba constantemente la presencia de ideas nietzscheanas en el dadaismo y su destrucción del arte.
  Pasaban las primeras paginas de Arquetipos y el inconsciente colectivo y empezaba a tener la misma sensación que con El hombre y sus símbolos. Apenas llegado a la mitad del primer capitulo, en el que se analizaban tres arquetipos fundamentales: la sombra, el anima y el anciano sabio, aparecen tres paginas en las que habla sobre el agua en los sueños, los lagos, y todo lo que hay por detrás de ese arquetipo, íntimamente relacionado con el anima. En medio de esto, cita de Zaratustra...
  Me quede un rato con el libro en mis manos mirando por la ventana.

  Tengo algo con Jung, o Jung tiene algo conmigo. Siempre aparece en el momento exacto y por si solo.  Cada vez estoy mas convencido de que ahí hay algo, que tengo que leerlo por que tiene algo para decirme. Y esto en un momento en que vengo meditando mucho sobre que tema trabajar ya pensando en la tesis.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Vinos del Estio

  Después del show de los rosas, blancos y amarillos, en ese orden de aparición  llegaron hace ya un par de semanas los lilas. Color sumamente flashero, de un árbol que tiene un nombre por demás hermoso, Jacarandá. Tenia mis sospechas de que sea una palabra guaraní o de esa zona al menos, me sonaba a jaguar, a yacare... que se yo, no se si tenia algo que ver, pero así resulto ser. En cuanto el Jacaranda comienza a perder sus pétalos lilas, se viene la mejor parte de todas, porque queda un circulo en el piso, debajo de su copa, completamente teñido de lila, y en los distintos momentos del dia brilla con distintos tonos. Mas claros o mas oscuros. Ni hablar cuando se los ve después de la lluvia. Aparecen completamente lavados y limpitos, con el lila en su máxima expresión.
  La acción de las hormigas son un show aparte. Hace unos días salia de la facu, y mientras sacaba el candado de la moto vi una sinuosa serpiente lila contra el cordón de la vereda que se movía. Al prestarle mayor atención vi que eran hormiguitas llevando cada una un pedasito de pétalo de lila jacarandá  El efecto visual que se armaba era tremendo. No vi lo mismo que los rosablancoamarillos de los lapachos... capas que no les gusten tanto a las hormigas. O quizá simplemente no pude verlas.
  Hablando de hormigas, hoy me paso algo sumamente extraño. Fui a llenar de agua unos frascos de vidrio que tengo en mi ventana con plantas acuáticas  Tanto calor viene haciendo que un unos días el agua desaparece. Al terminar de llenar el segundo frasco, veo que salían corriendo por las ramitas de mi planta varias hormigas. Pero hay una que no llega a prenderse de las ramas ni del vidrio del borde. Veía que se resbalaba. En medio del agua sacudía sus patitas tratando de agarrarse de algo. Yo la veía. Pensé en darle un empujoncito con un dedo hacia el borde. Pero no me movía  Seguía mirándola luchar. Casi lo logra en un momento, pero se resbalo. En medio del frasco peleaba por mantenerse a flote. Las patitas que se movían a toda velocidad, se fueron moviendo mas lentamente... Y de pronto, en un instante, flotaba la hormiguita. Ya no se movía. Me dio un escalofrío. Juro que se me puso la piel de gallina. De repente me sentí un hijo de puta por no haberla sacado del agua. Se estaba comiendo tu plantita, pensaba por un lado. Pero no dejaba de sentirme un hijo de puta. En menos de 10 o 15 segundos vi todo el sufrimiento, la lucha y la agonía de la hormiguita por tratar de salir del agua y no hice nada. Me quede un rato completamente duro mirando como flotaba la hormiguita. Por mi cabeza pasaban imágenes de la infancia cuando uno mata hormigas con una lupa un día de mucho sol, o exterminando gigantescos hormigueros con alcohol y un fósforo o simplemente me vi pisándolas inconscientemente en el caminar diario... Pero la escena que acababa de vivir me había causado algo que nunca creí que me causaría una hormiga. Fue como un volver a la mas tierna infancia y redescubrir ese lazo que nos une con la muerte en la cosita mas pequeña e insignificante de la vida.
  No me lo causo ninguna de las decenas de cucarachas que mate desde que comenzo el calor. Tampoco las arañas. Ni los hormigueros que arranque de mi jardin tras las primeras lluvias. Me lo causo una pequeña hormiguita que se alimentaba de mi plantita, que murio ahogada cuando la llene de agua para darle vida a la plantita. Y yo la vi luchas por su vida, y no hice nada.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Ensalada de Shoppping II

  De nuevo acá  Y acá no me refiero al blog, sino a que me encuentro de nuevo sentado en el medio del shopping. Y si, constatando que todo lo pensado la ultima vez, en el ultimo post, sigue vigente. Ratificando, mejor dicho. Esta vez me acompaña una aquarius y un par de galletas caseras, pero si estoy haciendo tiempo para otra peli. Lo único que me suele traer al shopping es el cine o la librería  Aunque lo segundo mucho menos, por que los que atienden en el Yenny de acá son bastante ineptos y mala onda. Prefiero la Rayuela, la que esta sobre la Alvarado.
  Esta vez me vine a ver el reestreno de Casablanca, peliculón  según dicen. Cumple 70 años... vamos a ver que pasa, cuando te inflan mucho una película, acaba reventando. El miércoles pasado me vine a ver Hotel Transilvania. Divertida, pero nada del otro mundo, en cuanto a animaciones, hay cosas mucho mejores. Que graciosas que son las viejas coquetas de compras en el shopping. Se sentaron dos con bolsas y bastones en frente mio; y no se por que un pendejo no para de mirarme mientras se come un pancho y una coca con su mama.
  Que aire acondicionado de verga. Afuera hacen como 30ª, entras acá y necesitas buzo y campera. Pero claro, venís de afuera, no de una capsula espacial que me trajo del polo ártico, así que como vengo de afuera, y hace calor, no tengo abrigo. Asi que paso de estar tranquilo con una remerita a tener que fumarme este frio de mierda. Mas que aire acondicionado, a mi me desacondiciono. Suele desacondicionar mucho esa cagada. 
 Ja, lo que faltaba, a las viejas le cayeron visitas (de una generación menos, es decir, madres, no abuelas como ellas, desconozco parentesco, mas aspecto de amigas) y con bandejas. Tostados, cafecitos, juguitos y gaseosa. Yo me estoy terminando mi ultima galleta que me traje de casa. También la aquarius. Igual no tengo tanta hambre.
  Estornudo. Que aire de mierda. Espero que en la sala no este así.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ensalada de Shopping

  Es un mundo extraño este, el de los shoppings. En algunos aspectos me hacen acordar a los aeropuertos o terminales. Podes estar en cualquier lugar de estos en el mundo y hay una esencia básica que se mantiene constante, una búsqueda de homogeneidad. Mas grandes, mas chicos, una a arquitectura u otro, pero todos mantienen algo en el ambiente que los unifica. En el caso de los aeropuertos y terminales es mas característico, siempre lo pensé. Ahora lo pienso también respecto a los shoppings. Estoy sentando en uno en este momento. Cerveza en mano y en el punto mas alejado de todo posible contacto social. Si, siempre busco evitar el contacto social, aunque oarezca paradójico en un shopping. Estos acá porque estoy esperando para entrar a ver a Nemo con mi novia, nada mas. Pero es chistoso, siempre que entre a un shopping me sentí perseguido, observado, como que haya un Gran Hermano controlando todo lo que sucede aquí dentro. Ninguna duda que están mira do todo lo que hacemos, pero claro que no están mirando que hago yo en particular. Así y todo, nunca me sentí cómodo en estos lugares. Tengo la sensación que cuando uno cruza esa frontera que demarca la puerta corrediza y los pisos brillosos y encerado y las luces de los mil negocios del compre ya, uno pierde si identidad. Esta especial la cerveza, y la temperatura, aunque me arrancaron la cabeza. Es que, justamente, estaba especial para pedirse una y ponerse a escribir mientras espero. Perdida de identidad. Claro que suena medio exagerado, pero esa es la sensación que me deja. Uno entra y zas, algo pasa. Justo cuando termina la segunda rotonda de Tres Cerritos, las grande, la también llamada Plaza de los Deportes, que tiene un tanque de agua, a mano derecho yendo hacia Parque Belgrano, pueden encontrar los dos kilos de milanesas de pollo a $ 48. Lo mas loco de todo, es que hace una semana y media compramos ahi mismo los 2 kg a $ 50!! Aprovechen, son pocas cosas las que bajan de precio en este país, hasta ahora, que yo sepa, las milanesas estas y los ravioles Il Zapore. Que lugar tan extraño el shopping che. Y todos los shoppings a los que entre, de Argentina y de algún otro país en el que pude andar (que no es que sean muchos) me dejaron la misma sensación. La idea de fondo, la estética, es exactamente la misma, acá y en la China. Teléfono, mi novia, esta perdida, a 5 cuadras de acá. Así que no esta perdida, pero parece estarlo. La cerveza esta especial pero se esta calentando. Tienen que hacer como los brasileros, no hay bar en el que no te den la cerveza adentro de los cosos esos de telgopor que te la mantienen fría. Básico y elemental. Ojala lo implementen en algún lugar para el verano. Cosas de la vida, hace unos dias estábamos buscando Yapa en los kioscos de la facu (si, las pastillitas esas de la tira larga) y no había por ningún lado, pensé que ya no venían. Pago las entradas para Nemo y... que me dan de vuelto? Una Yapa, ja! Impresionante.
  En fin, los dejo con esta ensalada de frutas sin sentido. Piénsenlo, lo de las milanesas sobre todo, los ravioles no tanto porque no son taaaaan ricos. También piensen lo de los porta cervezas, esos los venden en casas de telgopor sobre la Pellegrini, yo tengo uno. Realmente funcionan y se viene el veranito.
  Que lugares extraños estos, los shoppings...

sábado, 1 de septiembre de 2012

Lo sagrado y lo profano

  El hombre primitivo no podía aceptar algo novedoso, lo completamente nuevo, el acontecimiento único  Todo debía ser ubicado dentro de su mundo, dentro de su cosmovisión, y esta, como las estaciones, era cíclica. Aquello que aparecía como nuevo, recién formaba parte de su mundo si era ubicado, resignificado, dentro de su concepción cíclica. Sino, quedaba fuera, era ignorado, no participaba del ser. Las cosas son, en tanto que son parte de mi cosmovisión, y como tales son hierofanias, manifestaciones divinas. Mi casa, mi pueblo, el monte en el que este se alza, son todos centros del mundo y son todos reproducciones de mi cosmovisión. Al momento de instalarme repito todos los rituales que renuevan  y reactualizan la lucha primigenia entre los dioses, entre el caos y el orden. Recién ahí puedo tomar posesión del lugar, recién ahí forma parte de mi mundo y participa del ser.
  Para el hombre moderno, para el hombre actual, no hay lugar para lo que se repite. Lo único que vale es, completamente opuesto al hombre primitivo, lo novedoso, aquello completamente nuevo y que antes, con seguridad, no existía. Mis cosas, mi casa, mi pueblo, mi territorio, ya no tienen carácter sagrado, puedo cambiarlos constantemente sin ningún problema: la novedad, lo único e irrepetible, es la norma. Y así, la norma también es lo efímero.
  Lo que antes se cambiaba cada 1 año, ahora se hace cada 6 meses... luego sera cada 3, para acabar cambiándose todos los días, a cada hora. Una enfermedad por la novedad y la renovación constante. Nada de reactualizar algo viejo, nada de ciclos, nada de sagrado. ¿Que nos quedara para cuando el cambio deba ser constante, diario, segundo a segundo? ¿Llegaremos a esa instancia, o estallara el ser humano antes? ¿Volveremos a la concepción sagrada del mundo o, al perder los fundamentos metafísicos, éste ya quedo completamente vacío?

lunes, 13 de agosto de 2012

Aforismos

  Todas las respuestas de nuestra vida, están en el tercer cajón de la cocina. Cuidado al abrirlo.

miércoles, 25 de julio de 2012

Ayahuasca

  Desde que comenzó la ceremonia perdí completamente la noción del tiempo. Mientras Don Jorge cantaba o silbaba unas melodías, agitando su ramo, me empece a sentir mareado. Creo que a la media hora tuve le primer vomito. Un rato después, las percepciones comenzaron a alterarse. Abrí los ojos y, al tiempo que prácticamente no sentía mi cuerpo, tenia la sensación de que no había ningún piso (mi cuarto era una especie de bungalow sobre una brazo del Yanayacu, es decir, estaba sobre el río). Luego el piso volvió a aparecer, pero lleno de puntitos y lineas que titilaban, con un aspecto parecido a escamas. Eran tonos grisaseos y azulados. Volví a cerrar lo ojos. Al rato, comenzarían las verdaderas visiones. 
  A lo largo de todo lo que me iba pasando, Don Jorge continuaba con sus cantos y encendía su pipa, nos echaba su humo y nos daba a fumar.
  Como debido a la posición me empezó a doler la espalda, busque apoyarme en el borde de la cama, con las rodillas dobladas hacia arriba, las abrace y apoye mi cabeza sobre ellas. Los sonidos de la selva fueron aumentando su volumen, al punto que casi llegaban a aturdir. El malestar general llega puntos tales que me empece a replantear el porque me había metido en eso. Rápidamente, elimine ese pensamiento. Aun con los ojos cerrados, comenzaron a aparecer una gran cantidad de figuras geométricas de todos colores. Lo curioso es que las veía aparecer, o eso sentía, solo del lado izquierdo, mientras que el derecho se mantenía oscuro. Todas las figuras que aparecían, eran absorbidas por ese lado derecho.
  De vez en cuando intentaba moverme. Todas las sensaciones eran muy extrañas, los movimientos eran extremadamente lentos, o al menos eso sentía yo. En la posición en que estaba abrí los ojos dentro de esa capsula en que me encontraba. Los pies los veía largos, muy largos. El espacio se iba haciendo un chicle, se deformaba completamente. Luego me fui haciendo chiquitito, cada vez mas, hasta transformarme en un punto ínfimo que se sumergió en la selva que me encontraba viendo en ese momento. Una célula que se hacia parte de algún árbol extraño. Ahora veía arboles y flores de infinitos colores y formas. Todo se iba moviendo y girando al son de mi mareo. Las flores y las ramas se convertían en peces, los que luego se transformaban en aves. Habia una armonia y paz indescriptible en todo lo que veia, acompañado con los sonidos de la selva nocturna.
  Mi cansancio y malestar eran tal que opte por acostarme en mi cama. Prácticamente arrastrándome me recosté, boca abajo. Instantáneamente perdí la noción del cuerpo a medida que me iba sumergiendo en el colchón. Luego de haberme movido, el mareo se potencio aun mas, y acabe vomitando de nuevo. Dentro de mi mundo de colores, cuando vomitaba el balde era un agujero negro, con un fondo que se asemejaba a una alcantarilla. Casi seguro que esto lo veía con los ojos cerrados. El vomito, también negro y del penetrante olor a ayahuasca, hacia salir del cucarachas y gusanos. En el fondo, extrañamente, también veía algunos pecesitos nadando. Una vez que acabe de vomitar, volví a acostarme boca abajo.
  Las imágenes se multiplicaron, infinidad de ellas comenzaron a aparecer, y se iban transformando. No puedo recordar todas, describo las que mas se me grabaron. Todo seguía transcurriendo en una selva completamente psicodélica. Cada tanto veía aparecer una casa, de las que se usan en la selva amazónica, con gente sentada en la puerta. Cuando me quería acercar a ella, toda la imagen comenzaba a alejarse hasta desaparecer y ser un punto mas en medio de la selva. También recuerdo que me vi arriba de un bote, acompañado de gente que no conocía. El bote se movía de lado a lado de tal forma que tuve que abrir los ojos. El mareo era insoportable. Con los ojos abiertos logre que se me pase un poco. Don Jorge ya no cantaba, no silbaba, ni fumaba su pipa, simplemente estaba recostado en el piso, con los brazos cruzados, viajando por su propio mundo. Volví a cerrar los ojos. Instantáneamente la selva psicodélica volvió a aparecer. Me vi remando entre la selva. En algún momento, toda la imagen se dio vuelta y quede cabeza abajo.
  No recuerdo mas imágenes, pero la selva y los colores, junto a los interminables sonidos nocturnos de la selva, estuvieron durante mucho tiempo. Mi ultimo recuerdo es Don Jorge tirándome nuevamente el humo de su pipa en mi cabeza, manos y pies. Luego se paro en medio de la habitación, y dio algo así como una oración, invocando a los espíritus de la selva para que nos protejan esa noche.

  Esto es lo que escribí al día siguiente. No se asoma ni un poco a lo que fue la experiencia, pero quería compartirlo, al menos creo que da una idea de lo que es. Busque algunas imágenes por Internet, y encontré algunas que pueden asemejarse un poco a lo que yo viví. Pero lógicamente, nunca va a ser lo mismo, ya que cada cual lo vive a su manera, y la Ayahuasca le muestra a cada persona cosas distintas.



lunes, 23 de julio de 2012

Ayahuasca

  Los primeros días de febrero de este año me encontraron en Iquitos, a orillas del Amazonas, Perú. En medio de la selva tuve una de las experiencias que mas voy a recordar en mi vida (o al menos eso creo). Luego de conocer y charlar un rato con el medico, curandero, chaman o como quieran decirle, del caserío San Juan de Yanayacu (adentrándote por algunos de los tantos brazos en que se va bifurcando el Amazonas, caserío que no tiene mas de 200 habitantes) me decidí a tomar Ayahuasca. Previamente, Don Jorge me guió un paseito por los alrededores de su casa, mostrándome el lugar donde preparaba la bebida, procedimiento, todas las hojas y lianas que usaba, etc. Hay algo que es imposible plasmar acá, y es el lugar, el contexto, el momento. Uno lo lee y se imagina saliendo de su casa al descampado de la esquina... pero el caserío se encuentra a orillas del Río Yanayacu, inserto en medio de la misma selva, a 6 horas en lancha de la ciudad de Iquitos, que también esta rodeada de selva. No hay luz, agua, gas, ningún tipo de desagüe, ni nada. Solamente los sábados prenden un generador a nafta para que haya un rato de luz. Por ahí queda San Juan de Yanayacu. 



  Como esa noche iba a hacer la toma de Ayahuasca, tenia que estar en ayunas. Así que almorcé y después no comí nada mas en todo el día. A eso de las 20 hs nos encontramos con Don Jorge para empezar a hacer todos los preparativos para la ceremonia. La iba a tomar en mi cuarto. Un almohadón cómodo al piso para sentarme, apoyado en mi cama, un balde cerca para cuando comenzaran los vómitos, papel higiénico a mano por cualquier otro tipo de percance, y toda la buena vibra y pensamientos positivos. Don Jorge también se acomodo en su lugar. Hay que tratar de moverse lo menos posible, no tener ningún tipo de contacto con otra persona y no hablar a no ser que sea estrictamente necesario.
 Noche en el Amazonas significa solamente luz emitida por estrellas y la luna, mas una infinidad de sonidos de todo tipo, peces, aves, monos, arboles, vientos, ranas, ratas, mosquitos, grillos, y todo lo que uno se pueda imaginar que habita en la selva, todo junto, en un verdadero concierto brindado por la naturaleza.
  Una vez listos, encendió su pipa con un tabaco especial para la toma de Ayahuasca y empezó la ceremonia. Se acerco a mi, me expiro el humo de la pipa en mi cabeza y en mis manos, luego me dio a fumar. Fue hasta su lugar, se sentó, y entablo una serie de cánticos. No se si eran en algún idioma extraño o era simplemente melodías, las cuales repetía cada tanto con leve silbido. Luego sirvió en un jarrito la respectiva medida de Ayahuasca y me la alcanzo. Había que tomar todo de una vez. Le devolví el jarro, y se sirvió su parte. Para guiar un viaje de Ayahuasca el chaman también debe tomar, ya que tiene que estar dentro de ese mundo para poder controlar a los espíritus. No todos ellos son buenos, por eso la importancia fundamental de quien sea el chaman. 
  Volvio a encender su pipa y retomo los canticos, al tiempo que agitaba en el aire ramo de hojas cecas, tambien de alguna planta en particular con un sentido especifico con respecto a la limpieza y a los buenos espiritus. No tengo idea de cuanto tiempo paso, pero calculo que a los 15 o 20 minutos, empezó el malestar.

  En la próxima entrada voy a pasar a transcribir toda mi experiencia con la Ayahuasca, tal y como la escribí en mi cuadernito al día siguiente.

Hiperconectividad

  Problema de la comunicación de hoy, estar hipercomunicados. De repente uno esta conectado al mundo cibernetico las 24 hs y todo lo que va pasando, todo lo que voy haciendo, lo voy comentando online. "Me acabo de comer un sanguche", "Llendome al cine a ver la ultima de Batman!!", "Estudiando, no molestar", y diez mil pelotudeces mas del día a día. Ni hablar de que ahora todo viene acompañado de su respectiva foto. Con la pizza que me estoy por clavar, con el embotellamiento en el que me encuentro, con los amigos que estoy, etc. No entiendo porque se genera esa cuestion de avisarle y mostrarle "al mundo" todos los pasos de lo que se va haciendo. "Me acabo de tirar un pedo", es lo único que nos falta, y no creo que mucho. Tantas ansias de conectividad, de primicia, de avisar al instante todos nuestro movimientos, que llegado el momento del encuentro de carne y hueso, no hay nada que decir, ya esta todo dicho.

Interlocutor I: - "Ehhhh que haces Pepe!! Acabo de salir del cine de ver La era de hielo 4!!!"

Interlocutor II: - "Que haces locura!! Si, ya se, lo escribiste en tu muro, y que estuvo muy buena"

Int I: - "Ahh sisi. El miércoles pasado fuimos a jugar al fútbol con los pibes"

Int II: - "Si, sabia, lo leí en face, ganaron 5 - 3, lindo partido por los comentarios que dejaron. También postearon un videito de tu gol"

Int I: - "Si che, lindo partido la verdad... Te comente que estamos en un parate con la carla??"

Int II: "Cambiaste tu estado en el face, estoy al tanto de eso también..."

Int I: - "Ahhhh, bueno che, parece que no hay nada nuevo... te dejo, me tengo que ir"

  Y así puede pasar cientos de veces con cientos de situaciones distintas. Al momento de la despedida probablemente el Interlocutor I actualice su muro con un cartelito que diga "Me acabo de encontrar con Pepe a la salida del cine!", y unas 5 o 6 personas le den Me gusta. La hiperconectividad atenta contra el encuentro en carne y hueso. A mayor hiperconectividad, menos interactuación fuera del mundo cibernético. No quiero decir "en el mundo real" porque considero al mundo cibernetico también real, otro tipo de realidad, pero real al fin y al cabo.
  Aclaro, no tengo nada contra los adictos a esa necesidad de sentirse escuchados por el "mundo" segundo a segundo. Cada cual que haga lo que le pinte. Solo expreso mi opinión, y estoy orgulloso de nunca haber puesto nada de lo que este haciendo en mi muro. Creo que lo único que escribí desde que tengo face fue algún agradecimiento por saludos de cumpleaños, algún aviso de algún evento, links de lo que escribo en el blog o cosas así, muy concretas. 
  En fin, nada mas que decir. Lo irónico de este mundo es que estoy expresando mi desacuerdo con respecto a muchas cosas de este mundo, mediante el mismo. No se si me entendieron. La verdad me da paja dar mas explicaciones, solo me quería sacar las ganas de escribir esto, con cero inspiración y con una pila de fotocopias sobre la historia de Uruguay que me miran de reojo al lado mio. 
  A por ellas...

jueves, 5 de julio de 2012

Meditación frente al Río

  Me encontraba de pie frente al río. Le di libertad a la ultima bocanada de humo de mi pipa, luego deje que se fuera apagando, lentamente. Era de noche y hacia frío. Mucho frío. Cerré los ojos. En mi mano izquierda cargaba una bolsa con dos libros que había comprado esa tarde, no eran libros, eran librazos, de esos que sabes que te van a acompañar toda la vida. Uno de Mircea Eliade y otro de Robert Graves. Cuando cerré los ojos me paso algo extraño. Me empece a imaginar ese mismo lugar, exactamente el mismo, pero tratando de remontarme cientos de años atrás, o miles de años atrás. A mis espaldas desaparecía la ciudad, en el río ya no había faros, ningun avión surcaba el cielo. Es un ejercicio que suelo hacer, y me he comido buenos viajes de ese modo. Mientras viajaba, empece a sentir el peso de la bolsa, el peso de los libros, mejor dicho. Sentí que lo que lo que me estaba pasando venia comandado por las paginas de esos monstruos de la historia, de la mitología y la filosofía. El mundo que hay dentro de esos libros estaban ejerciendo una tremenda presión sobre mi, sobre mis sensaciones y sobre mi brazo. Me empezaron a doler los dedos. Se hacia cada vez mas pesado. Me encontraba parado en medio de la nada, frente al río. En el mismo lugar que de chico iba a pescar, o a bañarme un rato. De mas grande, fue también el lugar donde nos fumamos el primer porro con amigos y que realmente nos bolo la peluca. Es también un hermosisimo lugar para ver atardeceres, o simplemente para pasar un rato. El peso de los libros fu tal que abrí los ojos. Acomode un poco mis dedos, mande el peso hacia otros. La ciudad apareció, los faros comenzaron a parpadear, una lancha paso frente a mi, un avión cruzaba el cielo. 
  Encendí mi pipa. Volví sobre mis pasos, pensando en el hombre primitivo, su concepcion cíclica del tiempo, su vida sacra desde todo punto de vista, sus arquetipos y rituales de posesión, en mitos hebreos y griegos, en lo sagrado de todo lo que me rodeaba, en mi infancia pasada en ese club... y preguntándome cual sera la enfermedad que tanto le aqueja al hombre actual. El hombre, tal vez...
  Mircea Eliade y Robert Graves seguían pesando en mi brazo, ahora el derecho, pero donde mas están pesando ahora, es en mi cabeza. Y lo van a hacer durante mucho tiempo. Lo presiento.
  

lunes, 25 de junio de 2012

24 de Junio, de Rodrigo a Jung sin escalas

  Domingo, 00:30 hs (o sea, la noche del sábado hacia el domingo, esas horas siempre se complican para decirlas y que se entiendan bien), estaba con la vani comiendo una picadita en casa, bueh, papas y maní, nada del otro mundo. Entre charla y charla, y el relajante olor a humo de pipa, con tabaco nuevo aromatizado a cherry de estreno, nos pusimos a hablar de Rodrigo. Si, ese Rodrigo, el Bueno, el potro cordobés. Los dos rememoramos esas épocas en que sonaba por cada radio, en cada esquina y cada boliche. Nos pusimos a cantar temas, a hacer una lista de sus mayores gitazos, a desentrañar cuestiones de autoria de algunos de ellos (por ejemplo, El Aprendiz, temazo, es de Alejandro Sanz, cosa que no tenia idea). La vani me contaba que tenia grabados dos de los shows de los tantos que dio en el Luna Park, yo confesaba que fue la única vez que una música bailantera, de cierta forma "de moda", realmente me generaba algo. En aquella época tenia Walkman, y me había hecho un compilado rodrigazo en un casette, si, para mi esto es toda un confesión. El potro era una masa, y tenia zarpados temas. Entre tantos recuerdos de Rodrigo, nos vimos un par de videitos por el youtube, como para hacer el broche.
  Al día siguiente, que en realidad era el mismo porque toda la charla surgió después de las doce como bien aclare al principio, leo por ahí, en algún comentario perdido del mundo cibernetico, que era el aniversario de la muerte de Rodrigo Bueno... Con la vani nos miramos y nos empezamos a reír. La verdad es que fue una cosa muy curiosa, creo que hace años que no hablaba de Rodrigo, o si lo había hecho, nunca había sido tan en serio, escuchando temas, viendo videos, etc. Y toda esa charla se dio en la primer hora del 24 de junio del 2012, cuando se cumplían exactamente doce años de la muerte de Rodrigo. Si, doce años, yo tampoco lo podía creer. Y menos todavía que me ponga a charlar sobre el justo el día en que se cumplían esos doce, sumado al hecho de que nunca, desde que murió, me entere o seguí algunos de sus aniversarios de muerte. Quizá los primeros, los mediáticos, pero después, nunca mas...
  Se puede pensar que fue una simple casualidad, y chau. Pero esto me hizo acordar a la teoría Jungiana de sincronicidad que leí en el verano en aquella hamaca que me permitió dormir 4 noches arriba del barco camino a Iquitos, Es medio compleja la cuestión, pero el define a sincronicidad como "una coincidencia temporal de dos o mas sucesos relacionados entre si de una manera no causal". Muchas veces quedamos atónitos frente a "coincidencias" que nos ocurren en la vida, frente a estas, Jung dice que nuestra psique puede llegar a actuar sobre la realidad externa para causarlas, o bien los fenómenos externos pueden estar siendo transmitidos a nuestra psique. 

  Sumamente interesante la cuestión, que me hizo analizar muchos acontecimientos de mi día a día de otro modo. Lo que me paso el domingo 24 pasado, me trajo a la memoria todo esto, puedo pensar que fue una simple casualidad, reírme, y a otra cosa. También se la podría llegar a interpretar como una manifestación de una realidad externa en mi psique. 
  Sea del como que sea, hace mucho que deje de creer en las casualidades absolutas.

viernes, 15 de junio de 2012

200 g de recuerdos, melancolía a gusto...

  De repente, así como hace un tiempo me puse a ver fotos viejas, rescate de la memoria de mi pc una serie de canciones que habré hecho hace... ¿6 años? Por ahí sera, mas o menos... Fue un flash, un retroceso zarpado a mis épocas de horas encerrado en ese sótano de mi casa frente a la pc, rodeado de una guitarra, un mic, el teclado y mi querido bajo. No se hace cuanto que no escuchaba esas grabaciones... algunas de ellas ni me las acordaba. Por unos minutos, estaba sentado de nuevo en ese banquito que usaba, bajo tierra, escuchando las canciones. 
  Mis canciones me llevaron a rastrear grabaciones de los ensayos con las bandas que tenia allá. Otro delirio mental. Otro retroceso mental, también podría decirse. Hermoso. Que sensación mas extraña, el recuerdo. Sentimientos encontrados, por todos lados. Que suerte que tuve la posibilidad de grabar todo eso. Que bien que la pasaba en ese sotano. Como me gustaria irme una nochesita mas, a despedirme, a cerrar alguna cancion de las tantas que quedaron por ahi, a mitad de camino...
  ¿Cual fue la ultima que grabe? ¿Cuando fue la ultima vez que hice uso de ese sotano? ¿En que momento dejo de tener vida? Cuando nos mudaos a esa casa, era un desperdicio, humedad por todos lados, deposito, mugre. Nos pasamos varios dias con los chicos de la banda haciendo una terrible limpieza, lo alformbramos todo, forramos toda la pared con telgopor plastico, pusimos una cortina, nueva luz, equipos para ensayar y grabar. Habia quedado de puta madre. En serio. Ese sotano paso de ser una tumba a ser un lugar increible, ensayabamos ahi, componiamos, me encerraba horas y horas a flashear temas... La banda dejo de ensayar seguido, pero yo seguia encerrado ahi, pasaba mas tiempo bajo tierra que sobre ella.
  Y de pronto, la vida me llevo hacia otro lado. El sotano se vació. Quedo impecable, limpio, hermoso. Pero vacio. Creo que en el fondo me fui con toda la esperanza, sin saberlo (lo se ahora) de que alguno de mis hermanos lo tome para hacer algo, para que siga latiendo ese espacio subterraneo. Mi hermanos hacia foto y necesitaba un lugar para revelar, mi hermana laburaba con alfareria asi que tambien le venia bien... Pero nada de eso paso. La primera vez que vovli de visitas, una de las primeras cosas que hice, despues de sentarme en el piano, fui bajar al sotano. El corazon se me estrujo. Otras vez sensaciones extrañas. Otra vez por ese momento, y tambien por ahora. Estaba hecho un desastre. Se habia roto algun caño de agua por algun lado, habia un terrible olor a humedad (peor que cuando llegamos), habian arrancado el alfombrado sin mucho cuidado, lo mismo con el forro de las paredes. Volvia a ser un deposito de mala muerte. Me dolio mucho. Ver la muerte del sotano. Quiza suene estupido, es solo un lugar al fin y al cabo. Pero para mi habia cobrado mucho significado. Ademas del trabajo que habia costado levantarlo. Estuvimos varios meses recolectando alfombras de la via publica, si, ibamos tipo cartoneros cargando alfombras que encontrabamos en la calle. Nuestro amigos sabian que andabamos en la busqueda, asi que algun dia nos llamaban diciendo "che, hay unos rollos en las esquina de Saenz Peña y Rivadavia, pintan que estan bien", y hacia alla nos ibamos. No compramos alfombra, todo fue recolectado. Y de pronto verla de nuevo muerto. Nadie le volvió a dar uso. Nadie se preocupo por recuperar ese espacio. 
  Mucha música vibro entre sus paredes. Hermosos momentos vivi ahí. Mucha energía quedo dentro. Y ahora, un lugar vacío, silencioso, que puede transmitir muchas cosas, pero no vida, no música.

  El sótano se perdió. Espera a que alguien lo tenga en cuenta, como lo tuve yo en aquel momento. ¿A quien albergara en algún futuro? ¿ Volverá a ser el lugar de introspección de alguien? Era estar dentro mio, dentro de la tierra. Mejor imposible. 

  Pero no se perdió del todo. Cada vez que vuelva a escuchar esas canciones que surgieron entre sus paredes, en madrugadas de insomnio, ese sótano volverá a tener vida. Como en su mejor momento. Aparecerá ante mi en todo su esplendor. Y yo me voy a encontrar sentado ahí dentro.