jueves, 12 de diciembre de 2013

Salta Tomada

  Ayer al mediodía me encontraba en pleno centro salteño, pero sentía que estaba dentro de un cuento de Cortázar. Casa Tomada. Caminaba en búsqueda de un rapipago para pagar mis cuentas vencidas y se veía por todos lados gente corriendo. Cartones en mano se abocaban a la tarea de tapiar sus negocios. Otros empapelaban el frente en diario. Algunos atendían a través de las rejas. Cabecitas se asomaban entre ellas desde el interior de negocios ya a oscuras y miraban al horizonte, como esperando ver aparecer una de las plagas del apocalipsis. Clima extraño se vivía. Mezcla de tensión e incertidumbre. Gente corriendo, persianas que se bajaban, grupitos debatiendo sobre lo que ocurría en cada esquina. “Entraron al Mercado”, escucho decir a alguien. “Vienen por la Pellegrini”, dice otro. Entro a un negocio, y en la fila se repetía la misma escena. Tres viejas atrás mío opinaban: “Ya pasaron por un Free Shop, se llevaron todo”. “Son todos vagos que no trabajan, no saben lo que es levantarse temprano para ir a laburar”, opina otro. La Plaga avanzaba hacia el centro de la ciudad de Salta desde todos los flancos. Estábamos rodeados. “Vi un grupito de pibes con mochilas en la otra esquina”, dice alguien al pasar. El rapipago me cierra la puerta en la cara y baja la persiana. “Mierda –pienso- tengo tres facturas vencidas que pagar”. Vuelvo a mi moto y salgo a toda velocidad hacia otro rapipago. Tenía 20 minutos para llegar antes de que cierren (si no es que ya cerraron por la Plaga) y para escapar de esa entidad abstracta, amorfa y peligrosa que venía arrasando todo en su implacable camino hacia el centro salteño. “Mi primo es policía, se están acuartelando en la comisaria”, escucho antes de partir.
  Llego al nuevo rapipago. Estoy a tiempo. “Mierda”… persianas abajo… estaba llegando la Plaga también en ese barrio. Justo antes de pegar la vuelta, llego a ver la puerta del costado abierta. Me asomo por ahí. Logro que me cobren, en el momento exacto en que la dueña entraba: “Hay que cerrar ya, me acaban de llamar que entraron a un pagofacil”. La Plaga seguía avanzando. Ya no quedaba rincón en el que moverse. Todo parecía que iba siendo tomado por la Plaga. “Tengo que llegar a mi casa antes de que me agarre”, pienso. ¿Por qué calle volver? ¿Me topare con ella? Tomo coraje y arranco. El mismo camino que hice siempre. Todo normal, nada extraño. “Debo haberla esquivado”, pienso.

  Pero no quera mirar hacia atrás. A toda velocidad llegue al barrio. Dejo la moto, subo corriendo los tres pisos que llevan a mi departamento. Abro la puerta y la cierro rápidamente. Pongo llave y el seguro. Llegue. Justo a tiempo. Según mis cálculos, a esta altura, Salta ya había sido Tomada.

sábado, 20 de julio de 2013

YPF

  En junio de 1922 nacía la primera empresa estatal de explotación petrolífera del mundo, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, YPF. La explotación petrolera hacia su ingreso al debate político nacional a partir del nuevo escenario brindado por la situación mundial, el cual había sufrido grandes modificaciones. Desde este momento y hasta el presente, la explotación de hidrocarburos será un recurso económico estratégico y clave para la reproducción del sistema. Pero el debate en torno al petróleo reabría un viejo problema que había atravesado gran parte del siglo XIX: el autonomismo y el federalismo; conflicto encarnado ahora por las provincias de Salta y Jujuy enfrentadas al estado nacional.
  Designado el General Mosconi en la dirección de YPF al poco tiempo de su creación, será uno de los principales impulsores de la reforma del Código de Minería de 1886, el cual dejaba en manos de las provincias el derecho a entregar concesiones al tiempo que restringía la participación del Estado. Del lado de enfrente, se alzaban las voces de los principales diputados salteños, quienes defendían la autonomía de la provincia para disponer de sus recursos frente a lo que creían un avance del estado sobre sus recursos provinciales. Pero Salta y Jujuy no estaban solas. Por detrás se asomaban los intereses de la multinacional estadounidense Jersey Standard Oil Company, una de las 34 “hermanas” en que se había fragmentado la Standard Oil en 1911 tras la aplicación de la Ley Anti-Trust; las cuales se encontraban en una competencia mundial por controlar los recursos petrolíferos frente a la anglo-holandesa Shell.
  En este contexto, Mosconi consideraba la creación de YPF como momento clave para romper con los trusts estadounidenses e ingleses y así lograr “la independencia económica de nuestra América”. YPF trascendía el marco de acción restringido hasta entonces a los territorios nacionales extendiendo su accionar a las provincias. La intencionalidad de fondo era claramente limitar las concesiones que las provincias norteñas estaban entregando a la Standard. Hacia 1924, las explotaciones de la multinacional estadounidense en la provincia aun no habían comenzado, pero ya acaparaba 536 concesiones por más de un millón de hectáreas.
  El proyecto de reforma del Código de Minería, el cual establecía la expropiación de todas las concesiones en manos de empresas privadas, fue aprobado tras un largo debate en 1927. Pero el Senado, reducto conservador, hizo lo necesario para estancar el proyecto y que nunca entrara en vigencia. Estando encajonada en el Senado, sobrevendría el golpe del 6 de septiembre de 1930 del General Uriburu, salteño.  Argentina se hacía eco de la lucha mundial de los trusts petroleros.
  Finalmente, en 1935 se promulgara la primera ley organica del petróleo, pero con unas variantes no menores. El petróleo quedaba en manos de propiedad nacional o provincial, según donde esta se encontrara, lo que olía a triunfo salteño y de la Jersey Standard Oil. El contrapeso de la ley estaba dado en la posibilidad del estado federal de pactar con las provincias convenios de exploración y explotación, antes circunscripto a los territorios nacionales. El territorio salto-jujeño quedaba convertido, así, en campo de lucha entre la Standard e YPF.
  Más de 90 años después de la creación de YPF para frenar el avance de las multinacionales estadounidenses, el conflicto no solo continua, sino que además se agraba. Enmarcado en una supuesta estatización de la petrolera, hoy es el mismo gobierno que se dice nacional y popular quien entrega traidoramente la explotación de los principales pozos de hidrocarburos a la estadounidense Chevron, una de las 34 empresas petroleras en que se escindió la Standard Oil Company en 1911, es decir, hermana de la Jersey Standard Oil, aquella contra la que se había erigido YPF como primera empresa petrolera estatal del mundo.

Fuentes:
Benclowicz José Daniel, Aportes para la historia del norte de salta. conformación y desarrollo de las localidades de Tartagal y General Mosconi durante la primera mitad del siglo XX
Favaro, Morinelli, La intervencion del estado en la industria petrolera
Palacio Juan Manuel, La antesala de lo peor, la economia argentina entre 1914 y 1930


domingo, 12 de mayo de 2013

El brillo

  Hay algo que brilla. Lo veo desde mi ventana con la vista vuelta al norte. Un valle que se pierde entre el flanco de dos cerros. Apenas un hilo de agua se distingue en su centro. Pero allá  lejos, veo algo que brilla. Intento forzar la vista, distinguir algo, por mas mínimo que sea. Pero nada, imposible. La Caldera, calculo para mis adentros. A esa altura debe estar La Caldera. Aunque ese detalle no me ayuda mucho. Siempre miro por mi ventana en la misma dirección y es la primera vez que me doy con este brillo. Desde que me instale en este departamento hace poco mas de un mes, cambio la perspectiva de todo. Y no solo por estar en el 3º piso. Cambio el espacio, cambiaron los caminos, los recorridos, los tiempos, los almacenes, la gente, y tantas otras cosas. Antes mi mirada no se perdía  o al menos no en el horizonte. El cerro 20 de febrero y sus antenas se interponían entre esa linea y mi cuelgue en la nada. Así que el punto en el que me perdía era otro.
  Los horizontes tienen algo atractivo. Y no hablo metafórica ni simbólicamente  Atraen, siempre me atrajeron. Sentarme frente al mar en las vacaciones a mirar durante horas esa linea inexistente que separa un punto inexistente. El horizonte. Irreal copulación de cielo y tierra. Vuelta a los orígenes.
  Pero algo sigue brillando. El libro descansa en mis rodillas, ese punto indescifrable se volvió mucho mas interesante, aunque no se porque. Esa intriga por lo desconocido, por lo lejano. Y la hipnotizante perspectiva  de todo un barrio, valle, cerros y horizonte que tengo desde mi nueva ubicación  Y sobre todo ese horizonte, ese amado horizonte que me robaron los cerros.
  Quizá sea eso. Ese punto insignificante que brilla entre mi existencia y esa linea inexistente son solo el anzuelo que tiende el horizonte para que vuelva hacia él. El brillo me atrae, pero mi mirada se pierde mucho mas allá. 
  Vuelvo al club, vuelvo al río  vuelvo a la pesca, vuelvo a los mates, a las cervezas, a los 13, 14, 15, 16 años... Vuelvo al faro que brilla perdido en medio del río y la noche entre mi existencia y la inexistencia del horizonte. Y el tiempo se dobla, retorna, me visita y se va. Espiral. El espacio se plega y mi horizonte de río es ahora apenas un corte de Valle entre los cerros que se esfuerzan por cerrar el paso a la vista infinita. El faro, un punto indescifrable, incognoscible, inalcanzable que brilla perdido en un mar de rocas al mediodía; la orilla, el dintel de mi ventana. 
  Y así me encuentro en mi mas profundo ser situado en un espacio liminal, visagra de dos realidades ontológicas diferenciadas, dos dimensiones espacio temporales que solo tienen existencia en mi existencia.
  El sol en su camino deja de alimentar el brillo. El amanecer apaga el faro. Me alejo de la ventana y retomo mi lectura. Levanto los envases vacíos y emprendo el regreso a casa.

sábado, 20 de abril de 2013

Noche


  Anoche, en una tranquilisma jornada laboral, y gracias a la magia del Kindle, comencé a inspeccionar en la obra poética de Artaud. Y en eso andaba cuando me di con Noche, el cual me partió la cabeza.

Noche
Por Antonin Artaud

Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
en la avenida una ventana
nos revela una mujer desnuda.

En los odres de las sábanas hinchadas
en los que respira la noche entera
el poeta siente que sus cabellos
crecen y se multiplican.

El rostro obtuso de los techos
contempla los cuerpos extendidos.
Entre el suelo y los pavimentos
la vida es una pitanza profunda.

Poeta, lo que te preocupa
nada tiene que ver con la luna;
la lluvia es fresca,
el vientre está bien.

Mira como se llenan los vasos
en los mostradores de la tierra
la vida está vacía,
la cabeza está lejos.

En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande,
el mundo está atestado.

En cada aposento
el mundo tiembla,
la vida engendra algo
que asciende hacia los techos.

Un mazo de cartas flota en el aire
alrededor de los vasos;
humo de vinos, humo de vasos
y de las pipas de la tarde.

En el ángulo oblicuo de los techos
de todos los aposentos que tiemblan
se acumulan los humos marinos
de los sueños mal construidos.

Porque aquí se cuestiona la Vida
y el vientre del pensamiento;
las botellas chocan los cráneos
de la asamblea aerea.

El Verbo brota del sueño
como una flor o como un vaso
lleno de formas y de humos.

El vaso y el vientre chocan:
la vida es clara
en los cráneos vitrificados.

El areópago ardiente de los poetas
se congrega alrededor del tapete verde,
el vacío gira.

La vida pasa por el pensamiento
del poeta melenudo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Experiencia Religiosa

  Anoche, en medio del ajetreo laboral (lo de siempre, apellidos, nombres, ubicación en el salón  etc.), un insecto de importantes dimensiones, habrá tenido entre 8 y 10 cm, se poso sobre mi traje, zona de bíceps del brazo izquierdo  al tiempo que una pareja de viejos me daban sus nombres. En estos momentos me estoy enterando que por su tamaño probablemente haya sido una hembra. La hembra, después de reproducirse, suele matar al macho. Feliz día de la mujer.
  Primer reacción fue el sobresalto. Mientras miraba una hoja blanca buscando nombres se asomaba por el rabillo del ojo izquierdo una sombra verde que trepaba hacia mi hombro. Gire lento la cabeza, lo miro de frente, y mi sobresalto muto a estupor cuando vi que el que me miraba era él. Y en ese instante el insecto dejo de ser insecto. Era una formidable Mantis Religiosa, conocida en algunos pagos como santateresa.
  Debido a la situación en la que me encontraba no me quedo otra opción que quitármela suavemente de encima. Feliz de la vida la habría dejado caminando por mi brazo, pero eso incrementaría las posibilidades de que una vieja se me desmaye en la recepción  Me sentí sumamente dichoso y afortunado por esa visita. La Mantis Religioso es un ser que me causa sumo respeto. Me transmite sabiduría  paz, al tiempo que noto sus gestos analíticos en cada movimiento. Era ella la que me miraba atentamente en mi accionar a medida que trepaba por mi hombro. Casi seguro entendió el hecho de que la haya tenido que empujar de ahí  la Mantis supo que no fue por mala intención  ni por miedo. No tenia otra opción  Si hubiera llegado antes, o unas horas después  cuando ya paso el ajetreo de la recepción y me quedan horas de estar sentando contemplando la mismísima nada, me habría quedado un buen rato con ella, solo mirándola  siguiéndola paso a paso. Es que son hipnotizantes. Todo aquel que alguna vez haya tenido contacto con alguna se que me entiende. Los brazos doblados adelante, su cabecita que gira 180º contemplando y analizando todo, firmemente parada en sus patas traseras, con su elegante cola de frac en punta y, para cerrar su mística y su encanto, es el único ser conocido que tiene un único oído, ubicado en el tórax.
  Pero todo el éxtasis religioso duro apenas unos instantes. La Mantis voló de mi hombro, la vi dar unas vueltitas y desaparecer. Fue ahí que el viejo comenzó a los manotazos hacia su cuello, sector trasero izquierdo, cada vez mas nervioso. Pude ver como la Mantis se asomaba por detrás y lograba evitar los manotazos. Pero lo que siguió después no me lo esperaba, menos ella. La fortuna del viejo hizo que uno de sus manotazos alcanzara su objetivo. La Mantis cayo al piso. Una vez que vio a su atacante mordiendo el polvo, el viejo, sin escrúpulos  sin consideración alguna, levanto despacio su pie derecho para luego dejar caer en un solo y certero golpe todo el poder del taco de su zapato sobre la Mantis. Una vez cometido el asesinato ni se digno a mirar a su victima a los ojos  que aun seguía analizando a su asesino en su agonía  El viejo tomo a su señora del brazo y entro al salón. Atrás quedaban el cadáver de la Mantis y una mirada de incomprensión absoluta hacia tan cruel destino inmerecido.

martes, 29 de enero de 2013

Cuatro de Corazones


  Hará poco más tres años y medio que la carta está pegada en el techo del living. Cuatro de corazones, con una firma en el centro. Pocos son los que se percatan de su presencia. La firma pertenece a mi abuela, fallecida hace unos dos años. Hay demasiada carga en ese living como para que una carta llame la atención. Ésta es desviada hacia los innumerables cuadros (collage, acuarelas, maderas) que empapelan las paredes. Apenas el espacio entre cuadro y cuadro nos deja descifrar el empapelado. Más podría asemejar a una galería de arte que a un living domestico.
  Y ahí, sola en el techo, sin nada más que la acompañe, una carta. Cuatro corazones ligados mediante una firma que desde hace más de tres años custodian todo lo que ocurre. Muchos visitantes, después de innumerables veces de haber pasado por ese living, levantan la vista al techo en medio de unos segundos de distracción que le brindan los cuadros (ya se acostumbraron a ellos) y se topan con esa extraña presencia. - ¿Qué hace una carta pegada en el te-cho? -. Preguntan entre risas, sorpresa e intriga. Y ahí arranca la historia de la carta.
  Esa noche veníamos de una larga sobre mesa. La charla arranco en torno a un debate sobre anarquistas, comunistas, la moral, la revolución y cosas de esa índole que no vienen al caso. A medida que anochecía y la luna llena iba siendo cubierta por gruesas nubes, fue girando hacia el lado de lo sobrenatural: ovnis, espíritus, presencias, sueños, símbolos. A medida que la charla avanzaba la atmósfera de lo desconocido nos iba envolviendo.
  Pero todo esto fue interrumpido a eso de la una y media de la mañana por unos vecinos de fiesta con música a todo volumen, por lo que decidimos pasar al interior, al living.
  Cada uno busco su lugar, nos acomodamos, empezó a girar un mate y, al poco tiempo, escucho a mi prima: - ¿¡Qué hace una carta en el techo!? -. No era la primera vez que ella estaba en la casa, pero sí la primera vez que se percataba de esos cuatro corazones autografiados. Algunas risas, y el resto de los invitados que comenzaron a preguntarse lo mismo, mientras me miraban esperando algún tipo de respuesta.
  Mi hermano, Pablo, saco su mazo de cartas del bolsillo interno del saco del traje. Le encantaba ponerse ese saco cada vez que iba a hacer magia, era su indumentaria oficial. Hace más de un año que venía haciendo un curso de magia y, la verdad, que hacia cosas que a uno lo deja-ban con la boca abierta. Después de hacer todo el preámbulo, que uno como mago está obli-gado a hacer, mezcló las cartas y se las extendió a mi abuela, no sin antes advertirle que ese truco no tenía nada que ver con todo el resto de los que había hecho esa tarde; éste era mu-cho más difícil, por lo cual las posibilidades de que haya algún error eran mayores. Mi abuela tomo una carta, procurando exageradamente apartarla de la vista del mago. Era su posibilidad para desbaratarle un truco, para que, esta vez, sea él el que quede mal parado. Yo me asomé un poco, de curioso, para ver la carta que le había tocado. Cuatro de corazones. El mago le alcanza un marcador negro y le pide que la firme. Mi abuela, desconfiadamente, firma la carta recién cuando el mago se voltea, no vaya a ser que aproveche y le espíe. Le devuelve el marcador y ubica la carta entre medio de todo el mazo, mezclándolo nuevamente antes de devolvérselo, ante la mirada de consternación del prestidigitador. Su cara ya no expresaba la confianza y seguridad de minutos antes.
  Era el momento propicio para contarles el porqué de una carta en el techo. Los ánimos y las sensibilidades venían siendo preparadas desde hace horas en la sobre mesa. Casi que la música fuerte que nos obligó a ingresar fue disparada en el momento exacto para caer a la historia de esa carta. Ante la pausa que di antes de comenzar el relato, algunos se alarmaron y advirtieron que, si la historia tenía que ver con espíritus o algo del estilo (que era lo que se venía hablando), la evite. No creían en esas cosas, pero esa noche dormían en casa, así que preferían ni estar enterados de algo así. En las brujas no creo, pero que las hay, las hay. Los tranquilice. - Nada que ver, la cuestión viene por otro lado -, les digo.
  El mago tomo el mazo. Lo miro unos segundos… Nosotros los mirábamos atentamente a ambos. El tiempo parecía haber bajado su ritmo. No volaba una mosca. Estábamos todos expectantes a la resolución. Mi abuela ya se relamía ante el insipiente fracaso del truco. El mago, redoblando la apuesta, mezcló de nuevo. Y ante la mirada atónita de todos, arrojo con fuerza el mazo contra el techo. Eso sí que nadie se lo esperaba. Una lluvia de naipes iba descendiendo poco a poco. Desparramadas por el living, unas caían mas acá y otras mas allá. 
  Pero una de ellas no cayo nunca. Un cuatro de corazones, con la firma de mi abuela al centro, nos mira desde el techo desde entonces. Mi abuela fue la primera en quedar completamente sorprendida ante el truco. El resto soltábamos risas de asombro y aprobación. Algunos de los presentes aplaudieron. El mago agradeció al público, se despidió y se sacó el traje. Pablo se quedo en el centro del living mirando, con asombro, la carta firmemente pegada.
  Nunca había sido mas centro de atención ese cuatro de corazones que en este momento. Los siete teníamos la mirada dirigida hacia él. Los cuadros que nos rodeaban ya habían pasado a un segundo plano. Y sé que todos mirábamos, por sobre todas las cosas, esa firma ausente en el centro de los cuatro corazones. Firma que ata un lazo al pasado y lo hace presente. Presente eterno de ese instante en que la carta quedo pegada al techo mientras otras 51 caían suavemente al piso ante la mirada atónita de mi abuela.
  La casa está en venta desde hace algunas semanas. No sabemos qué será de esa carta llegado el momento. Uno de los presentes desliza la idea de que sería lindo contarle la historia al futuro comprador y pedirle que no la saque, que la deje ahí, custodiando el living, hasta que decida su propio momento de caer.
  Quedan unos segundos de reflexión en el ambiente, con la mirada de todos aun dirigiéndose a la carta. Escucho el “clac” de la tapa del termo y mi prima me alcanza un mate. Me recuesto sobre el respaldo del sillón, doy el primer sorbo, vuelvo a mirar la carta. Y es entonces que, ante la estupefacción de todos los presentes, un cuatro de corazones firmado por mi abuela hace más de tres años y medio, comienza a descender flotando, girando suavemente, dibujando ese trayecto que quedó suspendido durante tanto tiempo, despertando del letargo para encontrarse en el suelo con 51 compañeras y una participante del publico que ya no están.
  A mil seiscientos kilómetros Pablo se despierta. Recuerda vagamente haber soñado con sus épocas de mago: gente que no acaba de reconocer, él vistiendo un saco de traje viejo, en sus manos un mazo de cartas de póker que se mueven hábilmente, y alguien entre el público que elije una carta…

lunes, 28 de enero de 2013

Casa Tomada

  Noche de insomnio. Que bajón que son. No me suele pasar, cuando me acuesto, caigo dormido en cuestión de minutos. Pero esta noche no hay caso. Tras dar vueltas y vueltas en la cama sigo sin dormir. Levanto un poco la persiana, el aire fresco de la noche entra a mi cuarto, junto a la luz de una hermosa luna llena. El gato aprovecha la ocasión para despabilarse un poco y de un salto desaparece en la noche. Que hacer para que llegue el sueño, es mi consigna. Prendo la luz y me quedo mirando un rato la biblioteca. Tengo varios libros en mi mesa que estoy leyendo, pero no quería agarrar ninguno de esos, quería algo cortito, para el momento nomas. Julio Cortazar, Los Relatos. Es una compilación de cuentos de Cortazar agrupados bajo otras directrices  esta Todos los fuegos el fuego, Bestiario, Final del juego, Octaedro y algunos mas pero distribuidos de otro modo. Lo abro y busco Caso Tomada. Ya lo había leído, en otra noche de insomnio, probablemente. Soy una amante de los cuentos cortos, y para estas ocasiones en que Morfeo decide no aparecerse, son un gran compañero. Abro la pagina 399 y comienzo a leer "Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua...". Era el primer cuento de la Tercera Parte de la compilación  titulada Pasajes.
  Que magia que tiene Cortazar, que capacidad para manejar el espacio - tiempo en sus relatos, para llevarte de una punta a la otra con tan solo unas palabras, de decir tan solo lo justo y necesario para dejarte ante el abismo de un mundo paralelo en el cual ya es uno mismo, el lector, el encargado de terminar de darle forma. Mientras iba leyendo el cuento ocurrió algo muy curioso. Estaba exactamente en el punto en que describe el polvo de la ciudad y de la casa, que los obligaba a limpiarla todas las mañanas: "Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una rafaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macrame;", y fue ese fragmento que activo algún disparador de mi memoria, llevándome a mis ¿12? quizá 13 años, mas o menos. No se porque, y probablemente no tenga ningún tipo de lógica racional, la idea del polvo en los rombos de las carpetas me hizo presente aquellos cuadernos que usaba en la infancia, Rivadavia de tapa dura con relieve de telaraña. Desconozco cuantas hojas en blanco abre gastado tan solo para apoyarlas sobre sus tapas y pintar con lapices de colores a toda velocidad la hoja, al tiempo que iba pareciendo, como por arte de magia, una espectacular telaraña calcada en mi hoja. 
  No se si seguirán existiendo esos cuadernos  Tal vez si, tal vez no. Mi gran interrogante en este momento es ¿porque? ¿A quien se le ocurrió forrar con un relieve telaraña una cuaderno de tapa dura destinado al uso escolar  ¿Con que objeto?
  Ojala que hoy día sigan cientos de miles de chicos haciendo aparecer de la nada en hojas pintadas a la mitad hermosas telarañas en trazos mas oscuros. Quien haya tenido de esos cuadernos y no lo hizo, no le creo. O es un boludo. Como si existiese un ser en el planeta que ante una cerveza helada en el momento en que empieza a sudar no haya intentado sacar su etiqueta en perfecto estado. No me jodan.
  De a poco llega la causa de todo esto, o al menos lo aparenta. Así que me voy despidiendo urgente. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.