sábado, 4 de enero de 2014

Larga vida al libro

  Hace unos días charlaba con mi hermano con respecto a lo digital y lo analógico. Más específicamente, buena parte de la charla se fue en torno al debate sobre si lo digital iba a hacer desaparecer o no al libro. Kindle vs libro, podríamos decir. No es un debate en absoluto nuevo, en lo más mínimo. Pero a medida que transcurre el tiempo vemos que el libro está librando una importantísima batalla, la cual, a mi modo de ver, viene ganando. O quizá, se podría pensar que tan solo estira su agonía, resistiendo tercamente. Mucha gente está convencida que tarde o temprano, el libro va a desaparecer, cumpliendo, así, la profecía de Ray Bradbury.
  Desapareció el casette. Mismo destino parece estar siguiendo el CD. Y si nos remontamos más atrás en el tiempo, podemos hacer el itinerario completo de los distintos soportes por los que fue atravesando la música. Y ahí aparece ante nosotros una diferencia radical, la diferencia que puede ser la culpable de que se estire la agonía del libro frente al implacable avance tecnológico.
  La música siempre necesito de un soporte - intermediario y de un reproductor de ese soporte. Y ahí, considero, está la clave del asunto. Frente a esta realidad, el libro se erige tanto como soporte, como reproductor de ese soporte. Expliquémonos mejor. Está claro que el libro en sí, el libro físico, no lee su contenido. Lo que quiero decir es que entre el libro en tanto soporte y su usuario no se necesita un tercero, un agente externo que cumpla el rol de reproductor, como si ocurre con la música. Compro el libro, y así como lo compre, lo leo. Se acabo el asunto. Con la música es bien distinto. Se necesita de la fuente, el soporte, y de su respectivo reproductor.
  Que tal o cual formato, que mejora o empeora el sonido, que sonido dolby, sorround o estero, etc. Son todos problemas que no tienen parangón en el libro. Siempre fue el mismo soporte, puede variar tamaño, calidad de hoja y de impresión, pero el soporte en tanto concepto es exactamente el mismo.
  De aquí se deriva, creo yo, que no se pueda establecer la comparación entre lo que ocurre con la música digital y con los libros digitales. La rápida pérdida de protagonismo y muerte casi asegurada del formato CD no funciona a modo de fundamento para asegurar la muerte del libro en manos de su enemigo abstracto. Lo cual tampoco significa que no pueda llegar a morir. Pero lo acontecido con la música no es pauta de ello.
  Creo que esa diferencia brinda una enorme vitalidad a favor del libro. Pasarlo a formato digital, a pesar de todas las ventajas que pueda llegar a tener, tiene una desventaja fundamental: agrega un tercero que nunca antes había existido en relación con el libro. Y así como suma el tercero – reproductor de ese nuevo formato – soporte, comienzan a entrar en juego nuevas variables ajenas a su par analógico: los formatos, las calidades, la luz-pantalla, batería, conexión, etc. Toda tecnología nueva que aparece para el consumo masivo busca por sobre todas las cosas simplificar y brindar mayor comodidad. Esto último o lo empata o lo gana por muy poco el formato digital, teniendo como base ciertas variables que pueden ser muy controversiales (peso - volumen por sobre todo, las que, considero, no molestan a todo el mundo por igual). En cuanto a la simplificación, lejos esta de simplificar la relación directa, sin intermediarios, sin necesidad de reproductores o lectores externos que caracteriza al libro. Es el libro y el lector, el lector y el libro. Uno siente que tiene lo que está leyendo entre sus manos. Lo percibe en su peso, en su volumen, en su olor, en las páginas que van pasando. Y todo eso permanece aun cuando lo cierro. Y aun todavía cuando se lo coloca en la biblioteca. Uno ve el lomo y sabe todo lo que está contenido ahí, todo lo que esta ocurriendo en esas páginas. Basta abrir y elegir una al azar para revivir todo su contenido latente. En contraposición, cuando lo apago, o se corta por falta de batería, el Kindle vuelve a ser un artefacto inerte. No carga el peso real y voluminoso de cientos y cientos de historias. Está destinado a vivir como un parásito de esos instantes en que su pantalla está encendida. Su lomo no dice absolutamente nada. No porta narraciones, aventuras, historias, ensayos, poemas. No porta vida, porta ceros y unos.
Larga vida al libro. Salud!

viernes, 20 de diciembre de 2013

El ser, la nada y la araña

El deber ser, o el no ser nada. Parece ser: todo, o nada. Maldito deber ser. ¿y quién te dice que es lo que debes ser? Se pueden ser cientos de cosas, incompatibles entre sí, y no ser nada. ¿Eso es el deber ser? Quizá tu deber ser es, justamente, no ser nada. Es decir, no ser nada pero no en los términos en que hoy entendemos el no ser nada. Siempre se es algo, guste o no. Una araña se mueve tranquila por mi ventana. Claro, meses y meses de completa libertad (no es que no la siga teniendo, sino en el sentido en que nadie habitaba este lugar), y ahora estoy yo, ocupando esta habitación, debatiéndome entre aniquilarla o dejarla tranquila con su vida. La araña es lo que debe ser. Es araña. No tiene ese debate interno, ¿soy araña o trato de ser ciempiés? Nono, nada de eso, es araña y punto. Magnifica araña, creadora de increíbles y perfectas telas. Pero no tiene opción. Lo que hace lo hace a la perfección, pero sin opciones. Que dilema, cuando aparecen las opciones. Quizá a veces parecería ser más fácil que de fábrica a uno le digan, bueno, vos vas a ser: cantante. Listo. Uno no tiene ningún conflicto y ya sabe que es lo que va a ser. Al carajo. Pero no. Lejos esta de ser tan fácil. Por suerte. O por mala suerte, depende de cada uno. ¿Se puede ser lo que se quiere hoy en día…? Mmm… no me animo a dar ninguna respuesta. Difícilmente, creo. La primera preocupación de uno es poder subsistir. Es decir, conseguir dinero a costas de su fuerza de trabajo. Después veré si es lo que me gusta. En cambio la araña, que no sé donde se metió ahora, no tiene ese dilema. Es araña. Vive su ser a la perfección. No tiene que vender su fuerza de trabajo. Pero no tiene opciones… Ahhhh que tema. Poder elegir. Poder proyectar que es lo que va a ser antes de que sea… Y ahí vuelve el problema… ¿Qué es lo que quiero que sea?
  La araña entra y sale de su cueva (la ranura de la ventana corrediza). Què es lo que la lleva a este accionar, no tengo ni la más remota idea. Lo curioso es que probablemente ella tampoco. Desde el primer día que llegue acá, se que ella está ahí. Pero curiosamente, por algún motivo durante el día ni se asoma. Ahora que es de noche sale a corretear. Detesto las arañas. Es decir, me parecen un ser increíble. Sigilosas, rápidas, perfectas arquitectas, pueden construir y deshacer su propio universo. Pero tienen algo, que no puedo describir ni se expresar, que me hacen alejar de ellas. Tengo un pacto implícito. Del perímetro de mi casa hacia afuera. Si las encuentro fuera de ese perímetro, las dejo seguir su camino. Dentro del mismo, las mato. No me gusta llegar a eso, pero siento que no tengo otra opción. Y siento que ellas saben de este pacto implícito. Con esta araña en particular, no sé qué hacer. Se encuentra viviendo exactamente en el borde de la frontera. Frontera para mi, a ella le da lo mismo. Pero la cuestión es que el nuevo, acá, soy yo. No se hace cuanto estará viviendo aquí esta araña, pero seguro antes que yo.
  ¿Y si uno tenía la posibilidad de ser cientos de cosas, pero por cuestiones de sistema solo puede quedarse con una? Por ende, estaría dejando de lado muchísimas cosas que podría haber sido por la simple razón de que las necesidades (dinero) a uno lo apremian y no puede andar jodiendo por ahí toda su vida. O te decidís rápido o el tren arranca sin pasajeros. Maldición.
  Quiero tomar este tren y el que va pa el otro lado. Imposible. ¿A si? Me cago en esas normas. Bueno, uno tendrá que asumir las consecuencias después. Y si, no queda otra. Se pasa el tren o se pasa la vida. A veces se pasa el tren y la vida. La vida arriba de un tren, esa es otra opción. No literal, metafórica.
   Ya lo dijeron, señoras y señores, bienvenidos al tren!!! Ahí apareció la araña. Andaba haciendo aracnideses. Es decir, de las suyas, sin cuestionarse mucho y sin preocuparse por el dólar paralelo. Que fácil seria, ¿no? Aunque le quitaría mucha adrenalina a la espera en el andén. “A Tigre por favor”. “¿Ida y vuelta?”. “Nono, solo ida (después veré que hago)”. No es que valla hacia aquel lado por algún motivo, pero que mi llegada sea a un lugar que se llama Retiro, no me agrada. Así que enfilemos para Tigre. Así son las decisiones de la vida. ¿Tal o cual carrera? Y… aquella tiene esa materia que no me llama ni un poco, así que mejor me meto en esta. Y así se cerraron las puertas empresariales de vida licenciosa y acomodada. Cagate. “¿Pero vos que querías?” Quería lo que elegí, pero cagate igual. Es como preguntarle a la araña porque se detuvo, casi congelada, con tres patas sobre uno de los barrales de la reja y el resto sobre el dintel de la ventana… Y ahí está. Inmutable. Valla uno a saber por qué. Lo único que espero es que cada uno de nosotros sepamos porque carajo estamos con tres patas sobre el barral de una reja, congelados. O no. Pero que lo sepamos al fin.
  La araña se movió. El espiral se consume. Calculo que gracias a él (y a la previsión y proyección que nos diferencia) es que, por el momento, no me jodieron los mosquitos. Malditos mosquitos, esos sí que saben hacer aquello para lo cual vinieron. Romper las pelotas. Ah, me olvidaba, también para almacenar la sangre de los dinosaurios y poder revivirlos cuando nos aburramos de nuestra tristísima realidad. Así tenemos algo a lo que enfrentarnos. De en serio. A la araña la mato de un zapatazo, o con un spray matarañas y todas las alimañas del jardín. Ahora, te quiero ver si en tu jardín se metió un velocirraptor. Ja, que divertido se pondría, ¿no? Pruebe el nuevo Raid Anti velocirraptores. Seguramente aparecería, ninguna duda.

  Bueno, me voy a dormir. Un brindis por la luna y la araña de mi ventana. Salud!

jueves, 12 de diciembre de 2013

Salta Tomada

  Ayer al mediodía me encontraba en pleno centro salteño, pero sentía que estaba dentro de un cuento de Cortázar. Casa Tomada. Caminaba en búsqueda de un rapipago para pagar mis cuentas vencidas y se veía por todos lados gente corriendo. Cartones en mano se abocaban a la tarea de tapiar sus negocios. Otros empapelaban el frente en diario. Algunos atendían a través de las rejas. Cabecitas se asomaban entre ellas desde el interior de negocios ya a oscuras y miraban al horizonte, como esperando ver aparecer una de las plagas del apocalipsis. Clima extraño se vivía. Mezcla de tensión e incertidumbre. Gente corriendo, persianas que se bajaban, grupitos debatiendo sobre lo que ocurría en cada esquina. “Entraron al Mercado”, escucho decir a alguien. “Vienen por la Pellegrini”, dice otro. Entro a un negocio, y en la fila se repetía la misma escena. Tres viejas atrás mío opinaban: “Ya pasaron por un Free Shop, se llevaron todo”. “Son todos vagos que no trabajan, no saben lo que es levantarse temprano para ir a laburar”, opina otro. La Plaga avanzaba hacia el centro de la ciudad de Salta desde todos los flancos. Estábamos rodeados. “Vi un grupito de pibes con mochilas en la otra esquina”, dice alguien al pasar. El rapipago me cierra la puerta en la cara y baja la persiana. “Mierda –pienso- tengo tres facturas vencidas que pagar”. Vuelvo a mi moto y salgo a toda velocidad hacia otro rapipago. Tenía 20 minutos para llegar antes de que cierren (si no es que ya cerraron por la Plaga) y para escapar de esa entidad abstracta, amorfa y peligrosa que venía arrasando todo en su implacable camino hacia el centro salteño. “Mi primo es policía, se están acuartelando en la comisaria”, escucho antes de partir.
  Llego al nuevo rapipago. Estoy a tiempo. “Mierda”… persianas abajo… estaba llegando la Plaga también en ese barrio. Justo antes de pegar la vuelta, llego a ver la puerta del costado abierta. Me asomo por ahí. Logro que me cobren, en el momento exacto en que la dueña entraba: “Hay que cerrar ya, me acaban de llamar que entraron a un pagofacil”. La Plaga seguía avanzando. Ya no quedaba rincón en el que moverse. Todo parecía que iba siendo tomado por la Plaga. “Tengo que llegar a mi casa antes de que me agarre”, pienso. ¿Por qué calle volver? ¿Me topare con ella? Tomo coraje y arranco. El mismo camino que hice siempre. Todo normal, nada extraño. “Debo haberla esquivado”, pienso.

  Pero no quera mirar hacia atrás. A toda velocidad llegue al barrio. Dejo la moto, subo corriendo los tres pisos que llevan a mi departamento. Abro la puerta y la cierro rápidamente. Pongo llave y el seguro. Llegue. Justo a tiempo. Según mis cálculos, a esta altura, Salta ya había sido Tomada.

sábado, 20 de julio de 2013

YPF

  En junio de 1922 nacía la primera empresa estatal de explotación petrolífera del mundo, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, YPF. La explotación petrolera hacia su ingreso al debate político nacional a partir del nuevo escenario brindado por la situación mundial, el cual había sufrido grandes modificaciones. Desde este momento y hasta el presente, la explotación de hidrocarburos será un recurso económico estratégico y clave para la reproducción del sistema. Pero el debate en torno al petróleo reabría un viejo problema que había atravesado gran parte del siglo XIX: el autonomismo y el federalismo; conflicto encarnado ahora por las provincias de Salta y Jujuy enfrentadas al estado nacional.
  Designado el General Mosconi en la dirección de YPF al poco tiempo de su creación, será uno de los principales impulsores de la reforma del Código de Minería de 1886, el cual dejaba en manos de las provincias el derecho a entregar concesiones al tiempo que restringía la participación del Estado. Del lado de enfrente, se alzaban las voces de los principales diputados salteños, quienes defendían la autonomía de la provincia para disponer de sus recursos frente a lo que creían un avance del estado sobre sus recursos provinciales. Pero Salta y Jujuy no estaban solas. Por detrás se asomaban los intereses de la multinacional estadounidense Jersey Standard Oil Company, una de las 34 “hermanas” en que se había fragmentado la Standard Oil en 1911 tras la aplicación de la Ley Anti-Trust; las cuales se encontraban en una competencia mundial por controlar los recursos petrolíferos frente a la anglo-holandesa Shell.
  En este contexto, Mosconi consideraba la creación de YPF como momento clave para romper con los trusts estadounidenses e ingleses y así lograr “la independencia económica de nuestra América”. YPF trascendía el marco de acción restringido hasta entonces a los territorios nacionales extendiendo su accionar a las provincias. La intencionalidad de fondo era claramente limitar las concesiones que las provincias norteñas estaban entregando a la Standard. Hacia 1924, las explotaciones de la multinacional estadounidense en la provincia aun no habían comenzado, pero ya acaparaba 536 concesiones por más de un millón de hectáreas.
  El proyecto de reforma del Código de Minería, el cual establecía la expropiación de todas las concesiones en manos de empresas privadas, fue aprobado tras un largo debate en 1927. Pero el Senado, reducto conservador, hizo lo necesario para estancar el proyecto y que nunca entrara en vigencia. Estando encajonada en el Senado, sobrevendría el golpe del 6 de septiembre de 1930 del General Uriburu, salteño.  Argentina se hacía eco de la lucha mundial de los trusts petroleros.
  Finalmente, en 1935 se promulgara la primera ley organica del petróleo, pero con unas variantes no menores. El petróleo quedaba en manos de propiedad nacional o provincial, según donde esta se encontrara, lo que olía a triunfo salteño y de la Jersey Standard Oil. El contrapeso de la ley estaba dado en la posibilidad del estado federal de pactar con las provincias convenios de exploración y explotación, antes circunscripto a los territorios nacionales. El territorio salto-jujeño quedaba convertido, así, en campo de lucha entre la Standard e YPF.
  Más de 90 años después de la creación de YPF para frenar el avance de las multinacionales estadounidenses, el conflicto no solo continua, sino que además se agraba. Enmarcado en una supuesta estatización de la petrolera, hoy es el mismo gobierno que se dice nacional y popular quien entrega traidoramente la explotación de los principales pozos de hidrocarburos a la estadounidense Chevron, una de las 34 empresas petroleras en que se escindió la Standard Oil Company en 1911, es decir, hermana de la Jersey Standard Oil, aquella contra la que se había erigido YPF como primera empresa petrolera estatal del mundo.

Fuentes:
Benclowicz José Daniel, Aportes para la historia del norte de salta. conformación y desarrollo de las localidades de Tartagal y General Mosconi durante la primera mitad del siglo XX
Favaro, Morinelli, La intervencion del estado en la industria petrolera
Palacio Juan Manuel, La antesala de lo peor, la economia argentina entre 1914 y 1930


domingo, 12 de mayo de 2013

El brillo

  Hay algo que brilla. Lo veo desde mi ventana con la vista vuelta al norte. Un valle que se pierde entre el flanco de dos cerros. Apenas un hilo de agua se distingue en su centro. Pero allá  lejos, veo algo que brilla. Intento forzar la vista, distinguir algo, por mas mínimo que sea. Pero nada, imposible. La Caldera, calculo para mis adentros. A esa altura debe estar La Caldera. Aunque ese detalle no me ayuda mucho. Siempre miro por mi ventana en la misma dirección y es la primera vez que me doy con este brillo. Desde que me instale en este departamento hace poco mas de un mes, cambio la perspectiva de todo. Y no solo por estar en el 3º piso. Cambio el espacio, cambiaron los caminos, los recorridos, los tiempos, los almacenes, la gente, y tantas otras cosas. Antes mi mirada no se perdía  o al menos no en el horizonte. El cerro 20 de febrero y sus antenas se interponían entre esa linea y mi cuelgue en la nada. Así que el punto en el que me perdía era otro.
  Los horizontes tienen algo atractivo. Y no hablo metafórica ni simbólicamente  Atraen, siempre me atrajeron. Sentarme frente al mar en las vacaciones a mirar durante horas esa linea inexistente que separa un punto inexistente. El horizonte. Irreal copulación de cielo y tierra. Vuelta a los orígenes.
  Pero algo sigue brillando. El libro descansa en mis rodillas, ese punto indescifrable se volvió mucho mas interesante, aunque no se porque. Esa intriga por lo desconocido, por lo lejano. Y la hipnotizante perspectiva  de todo un barrio, valle, cerros y horizonte que tengo desde mi nueva ubicación  Y sobre todo ese horizonte, ese amado horizonte que me robaron los cerros.
  Quizá sea eso. Ese punto insignificante que brilla entre mi existencia y esa linea inexistente son solo el anzuelo que tiende el horizonte para que vuelva hacia él. El brillo me atrae, pero mi mirada se pierde mucho mas allá. 
  Vuelvo al club, vuelvo al río  vuelvo a la pesca, vuelvo a los mates, a las cervezas, a los 13, 14, 15, 16 años... Vuelvo al faro que brilla perdido en medio del río y la noche entre mi existencia y la inexistencia del horizonte. Y el tiempo se dobla, retorna, me visita y se va. Espiral. El espacio se plega y mi horizonte de río es ahora apenas un corte de Valle entre los cerros que se esfuerzan por cerrar el paso a la vista infinita. El faro, un punto indescifrable, incognoscible, inalcanzable que brilla perdido en un mar de rocas al mediodía; la orilla, el dintel de mi ventana. 
  Y así me encuentro en mi mas profundo ser situado en un espacio liminal, visagra de dos realidades ontológicas diferenciadas, dos dimensiones espacio temporales que solo tienen existencia en mi existencia.
  El sol en su camino deja de alimentar el brillo. El amanecer apaga el faro. Me alejo de la ventana y retomo mi lectura. Levanto los envases vacíos y emprendo el regreso a casa.

sábado, 20 de abril de 2013

Noche


  Anoche, en una tranquilisma jornada laboral, y gracias a la magia del Kindle, comencé a inspeccionar en la obra poética de Artaud. Y en eso andaba cuando me di con Noche, el cual me partió la cabeza.

Noche
Por Antonin Artaud

Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
en la avenida una ventana
nos revela una mujer desnuda.

En los odres de las sábanas hinchadas
en los que respira la noche entera
el poeta siente que sus cabellos
crecen y se multiplican.

El rostro obtuso de los techos
contempla los cuerpos extendidos.
Entre el suelo y los pavimentos
la vida es una pitanza profunda.

Poeta, lo que te preocupa
nada tiene que ver con la luna;
la lluvia es fresca,
el vientre está bien.

Mira como se llenan los vasos
en los mostradores de la tierra
la vida está vacía,
la cabeza está lejos.

En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande,
el mundo está atestado.

En cada aposento
el mundo tiembla,
la vida engendra algo
que asciende hacia los techos.

Un mazo de cartas flota en el aire
alrededor de los vasos;
humo de vinos, humo de vasos
y de las pipas de la tarde.

En el ángulo oblicuo de los techos
de todos los aposentos que tiemblan
se acumulan los humos marinos
de los sueños mal construidos.

Porque aquí se cuestiona la Vida
y el vientre del pensamiento;
las botellas chocan los cráneos
de la asamblea aerea.

El Verbo brota del sueño
como una flor o como un vaso
lleno de formas y de humos.

El vaso y el vientre chocan:
la vida es clara
en los cráneos vitrificados.

El areópago ardiente de los poetas
se congrega alrededor del tapete verde,
el vacío gira.

La vida pasa por el pensamiento
del poeta melenudo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Experiencia Religiosa

  Anoche, en medio del ajetreo laboral (lo de siempre, apellidos, nombres, ubicación en el salón  etc.), un insecto de importantes dimensiones, habrá tenido entre 8 y 10 cm, se poso sobre mi traje, zona de bíceps del brazo izquierdo  al tiempo que una pareja de viejos me daban sus nombres. En estos momentos me estoy enterando que por su tamaño probablemente haya sido una hembra. La hembra, después de reproducirse, suele matar al macho. Feliz día de la mujer.
  Primer reacción fue el sobresalto. Mientras miraba una hoja blanca buscando nombres se asomaba por el rabillo del ojo izquierdo una sombra verde que trepaba hacia mi hombro. Gire lento la cabeza, lo miro de frente, y mi sobresalto muto a estupor cuando vi que el que me miraba era él. Y en ese instante el insecto dejo de ser insecto. Era una formidable Mantis Religiosa, conocida en algunos pagos como santateresa.
  Debido a la situación en la que me encontraba no me quedo otra opción que quitármela suavemente de encima. Feliz de la vida la habría dejado caminando por mi brazo, pero eso incrementaría las posibilidades de que una vieja se me desmaye en la recepción  Me sentí sumamente dichoso y afortunado por esa visita. La Mantis Religioso es un ser que me causa sumo respeto. Me transmite sabiduría  paz, al tiempo que noto sus gestos analíticos en cada movimiento. Era ella la que me miraba atentamente en mi accionar a medida que trepaba por mi hombro. Casi seguro entendió el hecho de que la haya tenido que empujar de ahí  la Mantis supo que no fue por mala intención  ni por miedo. No tenia otra opción  Si hubiera llegado antes, o unas horas después  cuando ya paso el ajetreo de la recepción y me quedan horas de estar sentando contemplando la mismísima nada, me habría quedado un buen rato con ella, solo mirándola  siguiéndola paso a paso. Es que son hipnotizantes. Todo aquel que alguna vez haya tenido contacto con alguna se que me entiende. Los brazos doblados adelante, su cabecita que gira 180º contemplando y analizando todo, firmemente parada en sus patas traseras, con su elegante cola de frac en punta y, para cerrar su mística y su encanto, es el único ser conocido que tiene un único oído, ubicado en el tórax.
  Pero todo el éxtasis religioso duro apenas unos instantes. La Mantis voló de mi hombro, la vi dar unas vueltitas y desaparecer. Fue ahí que el viejo comenzó a los manotazos hacia su cuello, sector trasero izquierdo, cada vez mas nervioso. Pude ver como la Mantis se asomaba por detrás y lograba evitar los manotazos. Pero lo que siguió después no me lo esperaba, menos ella. La fortuna del viejo hizo que uno de sus manotazos alcanzara su objetivo. La Mantis cayo al piso. Una vez que vio a su atacante mordiendo el polvo, el viejo, sin escrúpulos  sin consideración alguna, levanto despacio su pie derecho para luego dejar caer en un solo y certero golpe todo el poder del taco de su zapato sobre la Mantis. Una vez cometido el asesinato ni se digno a mirar a su victima a los ojos  que aun seguía analizando a su asesino en su agonía  El viejo tomo a su señora del brazo y entro al salón. Atrás quedaban el cadáver de la Mantis y una mirada de incomprensión absoluta hacia tan cruel destino inmerecido.